domingo, 30 de enero de 2011

Adios, Turismo de Mazatlán




Publicado en NOROESTE Mazatlán

Ya se fueron parte de los cruceros. ¿Qué otra parte de Mazatlán se irá con ellos?

La semana pasada ocurrieron dos fenómenos interesantes en la costa del Pacífico. El primero es el que nos afecta de manera inmediata: el retiro de varias líneas de cruceros que dejaban significativa derrama en nuestro destino.

El otro fenómeno lo vi en la televisión nacional cuando, con bombo, platillo y fanfarria, el Gobernador de Colima anunciaba que Manzanillo se volverá ya un gran puerto de cruceros e, incluso, tendrá uno de inversión totalmente mexicana que lo tomará como punto de embarque.

Tan significativo fue el hecho que en este evento estuvieron tanto el Gobernador de Baja California, Narciso Argúndez, como la actual Secretaria de Turismo Federal, quien por cierto hoy se encuentra de visita en el puerto para tratar de resolver el problema de Mazatlán.

El buque Chihuahua Star, que hacía la ruta Mazatlán-La Paz, se nos fue a Topolobampo, que también ya recibe cruceros. De ahí, muchos visitantes se van a conocer El Fuerte, sitio donde ahora resulta que ahí nació “El Zorro” y el gobierno apoyó la creación de un monumento… pese de que está demostrado que El Zorro no sólo no nació ahí, sino que además, nunca existió.

El Zorro fue inventado por el periodista de nota roja Johnston McCulley. Nacido en Illinois, donde se inició escribiendo en “The Police Gazette”, McCulley incluso ni conocía California, ya que su trabajo menciona plantas que en ese estado no existen, salvo en invernaderos.

La única coincidencia es que “El Zorro” se llama Diego Vega, apellido común en el norte del estado, a la manera de los Osuna y Lizárraga de por acá. Con eso les bastó a la Iniciativa Privada, Gobierno y medios locales para elevar a producto tangible una leyenda atractiva para los extranjeros.

En Colima no se durmieron. Desde hace rato recrearon un Centro Histórico, mejoraron la terminal de cruceros porque algunos visitantes no se bajaban del barco al ver tantas grúas, además de que impulsaron visitas a la Laguna de Cuyutlán y a Comala, pueblo básicamente de mariachis. En la Plaza Principal del Centro Histórico hasta pusieron una escultura de un pez vela casi del tamaño de nuestros Monos Bichis.

Esas obras de Manzanillo empezaron en 2002. Aquí, el año pasado, un turista de crucero tuvo un accidente al desaparecérsele el piso en una de las glorietas del malecón, quizá por falta de mantenimiento y supervisión en el marco de la debacle de fin de trienio.

¿Qué nos faltará a Mazatlán para salir de este bache? No basta sólo con la seguridad. Además de mejorar los servicios, quizá nos urja más imaginación o la bizarría de otros municipios, que no tienen miedo de poner una escultura a un pez vela o un zorro. De perdida habrá que erigir una estatua a John Wayne, auténtica leyenda gringa que visitaba a Mazatlán, en su rincón preferido: el muelle de la flota deportiva junto al faro.

Esto no sólo es obligación de las nuevas autoridades de Turismo, si no de una conciencia general de prestadores de servicios turísticos y el resto de la sociedad.

La inversión de hace veinte años atrás, a favor del rescate del Centro
Histórico y, en concreto, la reactivación de la vida cultural en torno al Teatro Ángela Peralta, fue un esfuerzo visionario del cual hoy seguimos viviendo. Ya es tiempo de renovarnos y darle mayor impacto a lo logrado.

No digamos que la moneda está en el aire. Eso equivale a confiar en la suerte. Las ideas están el aire: el reto es aterrizarlas, materializarlas, volverlas auténtica propuesta positiva.

domingo, 16 de enero de 2011

Ophicus y el oficio del astrólogo




Querámoslo o no, el Zodiaco es uno de los símbolos de la personalidad o el destino que siguen con nosotros desde tiempo inmemorial.

Hace días, el cosmos y el imaginario colectivo se vieron envueltos en un delirio por el anuncio de un astrónomo gringo, revelando la aparición de un nuevo signo y la rotación inmediata de los demás entes astrológicos.

En realidad eso es noticia vieja. En “Cosmos”, el libro clásico de Carl Sagan realizado en los 70 y luego llevado a la tele, ya advertía que el eje terrestre había modificado su curso hace 2000 años y que las constelaciones habían cambiado de posición, cosa que los astrólogos no parecían haberse percatado.

Por el otro lado, los astrólogos afirman que sí se habían dado cuenta de ese suceso, pero que decidieron dejar los doce signos para no romper la armonía de sus categorías (agua, tierra, viento y fuego) con un treceavo más. Aparte, sostienen que lo que rige el ciclo en realidad son los solsticios y equinoccios solares. También la luna manda.

En la antigüedad, los solsticios eran el 24 de diciembre y el 24 de junio. ¿Les suenan conocidas esas fechas?

Por mi parte, no acudo al zodiaco para regir mis decisiones, pero con los años, me he dado cuenta que mis grupos de personas afines festejan sus cumpleaños en las mismas temporadas. En junio y diciembre me la paso bien ajetreado con festejos de sagitarios, cánceres y géminis.

No me conviene creer en el zodiaco porque soy Piscis con ascendente Géminis, los dos signos dobles y contrarios: lo que me salvaría fue que nací al día siguiente de un eclipse, con un cielo nuevo y en domingo, a las 12 en punto del mediodía. Mis padres tenían ambos signos.

Una vez conocí un parasicólogo que no podía creer que yo fuera Piscis, por el tipo de vida que llevo y mi modo de ser. Aventuró que tenía un géminis muy dominante… ya qué conoció más mis defectos personales aceptó que ese si era mi signo.

Según las revistas del corazón, principales autoridades a la hora de hablar del zodiaco, Piscis es un signo débil, tímido, soñador y caprichudo. Mi tío Chivi, que siempre usa sombrero, botas y maneja tráilers desde muy joven, compra billetes de lotería Tauro porque dice que Piscis no sirve. Me di cuenta hace años cuando un día le abrí la cartera, ya que era de los que llegaban a la casa de visita dándonos buen dinero a los niños. No voy a escribir aquí para qué tipo de persona considera que debe corresponder el signo Piscis.

Los horóscopos comenzaron a aparecer en los periódicos en Paris por los años veinte. La referencia la tenemos por el poeta surrealista y astrólogo André Bretón quien se quejó de eso. Sólo eran válidos los vaticinios hechos de manera individual, carta astral en la mano y billetera lista.

La verdad, los astrónomos no deberían meterse con la astrología por el mismo motivo que los astrólogos tampoco deberían entrometerse con la exploración espacial: cada quien tiene su público.

Supe de Oficus hace años en un programa de Guillermo Ochoa, el antiguo informador de las amas de casa pero, desde entonces, yo no creía que fuera importante todo lo que se decía en el Canal 2, especialmente los sábados por la mañana.

Por cierto, la horrible palabra Ofiuco puede volverse Ophicus, tal como la escribí, por el mismo motivo que decimos Géminis y Piscis en vez de gemelos y pescados, ¿o no?

domingo, 9 de enero de 2011

Crónica Mazatleca: La leyenda de El Buto

Me considero mazatleco de pura cepa porque uno de mis amigos de infancia fue un personaje tan emblemático que, con ese sólo antecedente, daría carta de naturalización a cualquiera.

De hecho, antes de ser “amigo de infancia”, fue una imagen antagónica y perturbadora, mucho más inquietante que el mítico hombre del costal, personaje que siempre es un ser intangible y por lo tanto, poco creíble, tal como muchas cosas que suelen decirle los adultos a los niños.

En mi infancia, si yo no consumía mis sagrados alimentos a la hora y el momento preciso, sentado afuera de mi casa aguardaba el ejemplar castigo. Un ser real que parecía venir de un mundo bizarro.

Me refiero al Buto, figura señera de nuestras calles, personaje central de nuestras plazas, amo y señor de cada uno de los rincones de este incomparable puerto. ¿Quién no lo conoce y lo reconoce? ¿Qué dama de Mazatlán no ha sentido vulnerada su intimidad con la mirada invisible de este errante fantasma de las banquetas?

Si, este señor de piel tostada, mirada apacible y sonrisa abierta, era visitante frecuente en mi barrio. Claro que es escaso el sitio de Mazatlán en donde este cuadrumano caminante no haya dejado su huella, pero especialmente hacía estación afuera de la casa de mis abuelos, donde era común verlo tomando el fresco.

Ahí estaba, tranquilo, a veces hojeando alguna revista con las páginas al revés. Uno de los vendedores de esa época solía regalarle de vez en cuando un vaso rebosante de agua de cebada y no era raro verlo masticando los hielos con gran alegría.

Cuando superamos la edad de que “si no te comes la sopa le vamos a hablar al Buto para que te lleve”, nos hicimos amigo de él, ya que lo saludábamos cada vez que ascendía el cerro y el correspondía con un sonido gutural, mostrando su dientes amarillos y su mirada vidriosa, antes de recargarse en la alta banqueta y mirarnos filosóficamente. A veces duraba largas horas echado bajo nuestra ventana... Quizás en mi barrio de la calle Luis Zúñiga sobrevivía algún fermento de su memoria.

Por cierto, toda la vida oí que la gente de mi rumbo le decían “El Guto”. De la 5 de mayo para abajo ya era “Buto”. ¿Se llamaría en realidad “Gustavo” o “Augusto”? En Cuba y Brasil ese nombre es un diminutivo común. Aquí en México no se utiliza.

Eso abre la puerta a las otras leyendas que circulan en torno a este enigmático vagabundo. Se dice que una vez bajó de un barco en el muelle; otros juran que fue abandonado por una familia errante que despreció su condición física; hay quienes afirman que es heredero de una cadena de tortillerías en una ciudad del norte, cadena de la que fue despojado por familiares ambiciosos a la muerte de sus padres, en fin…


Una de las vecinas, Doña Necky, solía darle de comer y de vez en cuando lo bañaba a manguerazos, pero no era su madre biológica. A veces le tocaba la puerta llamándole “mamá”, una de las pocas palabras que le he escuchado pronunciar. La otra era el nombre de mi padre, a quien saludaba sigiloso, tocándole el tobillo mientras conversaba de espaldas, dándole un ligero susto para después nombrarlo con su voz hueca: “Juaaanjooo”.

Donde bañan seguido al Buto es en el Mercado Pino Suarez. Y es que una tienda departamental de ropa popular suelen regalarle la ropa que normalmente usa. La única condición que le pone el propietario es que acuda bien bañado para recibir la donación. Entonces encamina sus pasos al mercado y ahí lo bañan a golpe de manguera mientras se ríe a carcajadas.

Han pasado las décadas y a veces se le puede ver sentado en el camellón de la cuchilla de Juan Carrasco. También es personaje emblemático en los servicios sanitarios de unos negocios ubicados por el Antiguo Camino a Urías.

Ha sobrevivido a enfermedades y atropellamientos. El día que lo perdamos, Mazatlán ya no será el mismo. Pero la leyenda continúa. Gente como él hace la historia y le da forma, relieve y memoria con su presencia.

domingo, 2 de enero de 2011

AÑO NUEVO: LA OBLIGADA REFLEXIÓN



¿Por qué la mayoría de la gente esperamos hasta Enero para plantearnos propósitos significativos? ¿Acaso las metas deben tener ciclo o caducidad de doce meses para que nos llamen a la reflexión y al compromiso?

Igual sentimiento comparto con las celebraciones de Centenarios o Bicentenarios tanto de personajes ilustres o cuestionables sucesos políticos... Me pregunto de donde vendrá esa obsesión occidental por los números decimales.

La mayoría de las metas planteadas por muchos de nosotros en estas fechas se relacionan con la salud y el aspecto físico. Ahí están los gimnasios y malecones, abarrotados durante las primeras semanas del año. Luego, el económico.

Sin embargo, el cambio mental o de ideal político en realidad está en otro nivel de prioridades. Casi nadie va con el sicólogo, pero si con el nutriólogo, al despuntar enero.

En el sentido espiritual, los calendarios religiosos ofrecen las opciones de la Cuaresma o el Ramadán en el mundo Islámico como periodos de reflexión y análisis de conciencia, por no hablar de las coloridas expresiones orientales en el momento de la renovación. Ambas se rigen por el antiguo calendario lunar.

Tomás de Kempis decía que es imposible volverse santo de un día para otro, pero que si dejamos de cometer un pecado al año, aunque éste sea venial y ya no volvamos a repetirlo, podríamos acercarnos poderosamente a lo que él llamaba La imitación de Cristo.

Para los chinos, este que viene será el Año del Conejo de Metal y se plantea como tiempo de encontrar el equilibrio, la calma, la sensibilidad y la ternura, cualidades del conejo, según algunas de las premisas de esta creencia milenaria.

Los mexicanos parecemos esta acostumbrados a que los cambios de fondo surjan a partir de los ciclos políticos, tanto sexenales, trienales o de fractura grupal. Prueba de eso fue la excesiva confianza concedida en su momento a Vicente Fox… con su consiguiente decepción multitudinaria.

Hace días, en las páginas de este mismo diario, Denisse Dresser argumentaba que la gente se resiste al cambio personal porque, si la clase política siguen en las mismas prácticas, los demás consideran que no tiene ningún sentido sacrificarse en modificar sus conductas.

Nunca será tan precisa aquí la frase de que “todos los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”.

Culpar a los políticos del estado de cinismo, desfalco o putrefacción en que se encuentra una sociedad, puede parecer muy cómodo, aunque recordemos que estamos en un país con pocos elementos para ejercer una democracia directa, fuera de las elecciones. ¿Alguna vez hemos tenido un referéndum para aprobar una nueva ley o política de estado?

En 1978, Abel Quezada dijo: “Para ser político en México no se necesitan ideas, mucho menos ideales. Basta con la disciplina, el silencio, la complicidad, el encubrimiento y la abyección”.

En verdad, esos elementos no pertenecen en exclusiva para los políticos, sino que también ya han sido adoptados por la mayoría de sociedad para poder sobrevivir en el esquema en que hoy nos encontramos atrapados.

Aunque usted no crea en las creencias de la cultura china, quizás sea buena la imagen poética del Año del Conejo para aprovecharlo para dar un gran salto hacia adelante, pero que sea real: ya ese concepto lo usaron también en China para definir un proceso de la Revolución Socialista que luego se volvió un callejón sin salida.

Enero es un mes que recuerda las dos caras del dios Jano: hay que elegir mirar hacia el lado correcto. Nunca ha sido sencillo, pero si la vida fuera demasiado sencilla, nunca sabríamos bien como aprovecharla.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Recordando a dos escritores del sur de Sinaloa




Dos excelentes escritores sinaloenses nacieron un 26 de diciembre y con gusto vamos a recordarlos en su semana. Los dos, también noble coincidencia, fueron originarios del Municipio de Rosario: Esteban Flores y Carlos R. Hubbard.

Empecemos con Esteban Flores, quien vino al mundo en Chametla 1870 y falleció en 1927, lamentablemente en un hecho violento en las afueras de Mazatlán. Había sido visitador general de la Secretaría de Hacienda de 1925 a 1926 y su carrera despegaba a nivel nacional.

Se recibió de profesor en educación primaria en la fundacional Escuela Lancasteriana de Mazatlán y ejerció cargos educativos como profesor de historia, matemáticas y literatura en el Colegio Civil Rosales, germen de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Fue director de El Correo de la Tarde (de 1895 a 1905) y llegó a ser en esa época gran amigo de los poetas Amado Nervo y Enrique González Martínez, entonces también unos desconocidos. En El Correo de la Tarde publicó sus primeros poemas con el seudónimo de José Conde

Gracias a su vocación política fue director del Periódico Oficial del Estado de Sinaloa y colaboró en publicaciones como Mefistófeles, Monitor Sinaloense y las revistas Arte y Bohemia Sinaloense

En 1916, ya radicando en la Ciudad de México, fue redactor de la revista Pegaso, donde convivió con Genaro Estrada y Ramón López Velarde. En 1918 comenzó a trabajar en la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, donde intervino en el conflicto por la huelga de Orizaba de 1919.

Es fundamental rescatar que, aparte de su obra poética, realizó un estudio sobre inmigrantes asiáticos y las condiciones de vida de los trabajadores en el sur de México. En ese tiempo, Sinaloa tenía un gran cantidad de trabajadores de esos dos grupos sociales y Flores conocía su situación de manera inmediata.

Su obra se recopiló en “La visión dispersa”, editada hasta 1938. Hace poco, mi gran amigo Leo Eduardo Mendoza le hizo justicia incluyéndolo en la antología de Conaculta “Sinaloa: lengua de tierra”.

De Don Carlos R. Hubbard tenemos más información, ya que fue un caballero muy activo y referente en muchas obras culturales y cívicas del Municipio de Rosario. Bastante conocida es en la región su labor polifacética y efectiva. Nació en 1912 y me comenta su hijo, el Ing. Iván Hubbard Rentería, que también dos de sus nietos vinieron al mundo un 26 de diciembre.

Podríamos llenar páginas recabando sus anécdotas, como la de su amistad con Lola Beltrán y Pedro Infante, a quien enseñó a tocar la guitarra o su rescate en la crónica de varios hechos históricos, pero esta
vez quisiera detenerme en evocar su prosa chispeante y humorística.

Su libro “Cuentos de mi Rosario” – en realidad son crónicas- es un paseo por una ciudad picaresca, con personajes dotados de un sentido del humor vivo, rescatados con la gracia del narrador provisto de malicia y buen ojo para la anécdota.

Acabó de releer este libro, desde hace años un tesoro de mi biblioteca, y encuentro aquí un verdadero río de notables recopilaciones. La memoria viva de una región poseedora de una fuerte identidad que ha quedado trasladada con éxito, justicia y respeto, a la letra impresa.

Gracias a don Carlos R. Hubbard tenemos noticias de “El Güero Astengo”, ejemplar rimador de verso luminoso cuyo talento se difuminó, lamentablemente, en la leyenda y la bohemia, dos cosas que suelen confundirse.

Otros de sus libros son “Estampas de un Mineral”, “Chupapiedras” y “Mi barrio del 22”. “Rumbos” fue una publicación suya que nos gustaría ver muy pronto reeditada para que esté al verdadero alcance de las nuevas generaciones.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Diaristas



Un día como de hoy, pero de hace 100 años, el escritor Franz Kafka escribió lo siguiente en su diario:

¿Cómo puedo disculparme por no haber escrito todavía nada en el día de hoy? De ninguna manera, más aún teniendo en cuenta que mi estado no es el peor. De continuo me zumba en el oído una invocación: "¡Ojalá vinieras, juicio invisible!". (20 de diciembre de 1910).

La confesión es interesante. No sólo tenemos a un autor que se lamenta por no escribir. Se lamenta por no haber escrito en su diario, a pesar de encontrarse levemente enfermo, según se colige.

Los diccionarios y tratados de literatura que se jactan de tener datos de Kafka nos lo presentaban como un escritor checo. En realidad, durante su existencia física fue súbdito del Imperio Austro-Húngaro y vivió casi toda su vida en Praga, región de Bohemia. (Mozart también tuvo ahí una fecunda y larga etapa).

Un autor pertenece al idioma que elige para escribir. Kafka eligió el alemán. También hablaba el checo y pertenecía a la cultura judía. Cultura no equivale a religión.

Era un gran diarista, arte donde los europeos nos llevan la delantera. Los franceses son los más consumados exponentes del género. Hasta los diarios de las condesas y marquesas más frívolas son verdaderos documentos que nos informan los secretos de una era.

El rey Luis XVI también era un gran diarista. A cada rato se cita que el día de la toma de la Bastilla había escrito en su diario la palabra “Rien” (Nada) y eso se usa para argumentar que era un inconsciente. En realidad, esa frase la escribió un día antes.

Los diarios de Kafka no sólo pueden ser interesantes para los estudiosos de su obra. Hay anotaciones peculiares, reflexiones sobre la ciencia y diversos análisis estéticos.

Pasando al presente, comparto que en mis cursos de literatura, cuando me toca suspenderlos por la llegada de estas peculiarísimas fechas, encargo como ejercicio realizar un diario, generalmente a partir del 15 de diciembre al 15 de enero.

No les pido que pongan “Querido, diario” o se compren un cuaderno especial con su candadito e interlineado. Basta cualquier serie de hojas o la misma computadora que usan para “mensajear” o sumirse en las redes sociales, principales enemigos de un diario convencional.

Diciembre es buen mes para iniciar un diario. La mayoría de las personas están relajadas, salvo aquellas que tengan un negocio que entre en bonanza durante la etapa navideña, pero el caudal de sucesos a veces se vuelven un corte geológico de la vida personal.

En este mes de encuentros, dádivas y recepciones, los sucesos comunes y los más dramáticos adquieren otra dimensión. Todos los funerales y nacimientos son una marca en cualquier vida; si acontecen estos sucesos en diciembre o inicios de enero, el asunto cobra dimensión distinta.

Con la rapidez de la vida moderna, mucha gente que toma nota de su bitácora de sucesos se sorprende de la cantidad de cosas que les ocurren en menos de 15 días. Basta verlas por escrito, no sólo para percatarse de ello, sino también incluso para entenderlas.

El 20 de diciembre de 1968 también es una fecha ligada a Franz Kafka: ese día murió Max Brod, su gran amigo… Kafka, deprimido y molesto por no haber concluido una obra literaria a su gusto, le pidió a Brod que quemara todos sus manuscritos.

Por fortuna, Max Brod valoró la decisión de Kafka y gracias a él conocimos sus novelas, relatos y diarios. La obra de Kafka abrió un camino para la narrativa de Juan Rulfo y Gabriel García Márquez. Y también nos queda el testimonio de una enigmática bitácora de las ideas de un personaje único e irrepetible.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Ricardo Urquijo





Conocí a Ricardo Urquijo hace más de veinte años y desde entonces fui testigo de la persistente llama de su amistad. Siempre jovial y bien dispuesto, con un humor natural, pleno en referencias humanas y cien por ciento mazatlecas.

En aquellos tiempos, el tenía un alto cargo en CODETUR, bajo la presidencia del también amigo Raúl Rico. Yo era estudiante que se iniciaba en el periodismo y en varias ocasiones me daba raid a mi casa, ya que vivíamos a escasas cuadras de distancia y compartíamos similares gustos por la música.

En uno de esos aventones, me dijo que yo algún día podría ser “el orgullo de La Papalota”. Ante mi obligada extrañeza me explicó que por el rumbo donde residíamos, antiguamente, había existido un viejo molino de viento conocido así por los lugareños. ¡Vaya!

Desde entonces, para referirnos a la dirección de nuestros hogares, nos referíamos en clave como “La Papalota”.

Así era Ricardo, siempre con el humor y la referencia pintoresca anclada a nuestras raíces.

Previo a esa época, nos habíamos conocido haciendo una larga fila para un Teatro Ángela Peralta aún en ruinas, durante un evento del Festival Cultural Sinaloa, en la época de José Ángel Pescador. Yo iba bromeando con tres compañeras de la universidad y él iba con Ceci, su esposa, por lo que desde entonces comenzamos a hacer chorcha como si tuviéramos la misma edad y nos conociéramos de toda la vida.

Ricardo estuvo en ese teatro por un tiempo providencial. Supo hilar una relación positiva con Conaculta a través de los encargados de descentralizar la cultura y logró que la plaza entrara al circuito de los espectáculos, exposiciones y talleres itinerantes de origen federal.

Logró también unir esfuerzos con artistas locales, grupos que llegaron para quedarse y con diversos amigos suyos, lo mismo empresarios como otros promotores y organizadores de otras actividades. En ese tiempo, los eventos y apoyos que enviaban las autoridades estatales eran demasiado dispersos.

El trabajo de Ricardo supo ampliar la brecha iniciada por Jane Abreu y abrió el camino para el actual organismo de cultura, consolidado por Raúl Rico González. Es todo un esfuerzo, un mérito y un desafío.

Con justicia, con verdadero reconocimiento y conocimiento, no debemos olvidar sus aportaciones. Hoy vemos la vida cultural como algo ya nuestro, pero hay vendavales políticos o sociales que pueden volver a una región encendida por el arte en un páramo plagado de resentimientos.

Recordemos el humanismo de Cayo, su entrega a mantener una memoria, su pasión por la fotografía y la vida sencilla del campo, así como esa cualidad tan difícil que algunos consideran don de gentes y otros, generosidad.

Hace unos días, le hablé para confirmar un vocablo en inglés coloquial que escuché en una canción del Viejo Oeste y que también fue un éxito en nuestra música de banda. Él era mi consultor para muchas inesperadas referencias artísticas.

Yo había encontrado ya una buena pista en internet para mi artículo, pero procuro nunca quedarme con eso porque internet muchas veces falla y además, deseaba darme el gusto de hablar con él.

El buen Ricardo no sólo repasó su memoria buscando variantes, si no que en ese mismo momento le llamó a su hijo y a otra persona para encontrar la traducción a la frase.

Para concluir, compartiré que una vez en su casa presencié un detalle que luego incluí en un libro mío, cambiando los nombres por debido respeto. Entre varios cuadros de su agradable sala descubrí un óleo muy especial, reproduciendo un arreglo de rosas rojas. Con orgullo, Cayo me contó que ese fue el primer arreglo de flores que le había mandado a su esposa cuando eran novios y ella lo había pintado de inmediato, eternizándolo así con el pincel.

Los hombres se van, las obras permanecen, la sonrisa vive siempre en la memoria: hasta siempre, Ricardo Urquijo