lunes, 10 de agosto de 2009

Habla de los amantes






Buscando una frase perdida de la dulce Simone Weil, encuentro el fragmento de una carta de Hermann Hesse dirigida a un joven de 18 años. La carta fue escrita en Montagnola (Suiza), el 28 de febrero de 1950. Habla de los amantes... (amantes no siempre quiere decir infieles).


“A ellos les sucede cierto día que tropiezan con la realidad desnuda, una visión cualquiera, o una voz los arranca de su sueño que se llama yo, contemplan el rostro de la vida, su horrible y maravillosa grandeza, su inmensa plétora de dolor, aflicción, amor irredento y anhelo equivocado. Y ellos responden a la vista del abismo con el único sacrificio omnivalente y definitivo, con el sacrificio de su propia persona. Se ofrendan a los hambrientos, a los enfermos, a los viciosos, no importa quién, ellos se dejan atraer, succionar y devorar por toda deficiencia, toda desnudez, todo dolor. Éstos son los verdaderos amantes, los santos. Hacia ellos tiende toda la humanidad que aspira más que a la norma y a la rutina, ganados por su sacrificio. Todo otro sacrificio pequeño adquiere valor y sentido, en ellos se cumple y justifica todo el problema de los solitarios, de los superdotados, de los difíciles y a menudo desesperados. Pues el genio es amor, es anhelo de abnegación y no se satisface sino en este último y total holocausto”.

Simone Weil, que murió inmolada en algo que algunos han llamado anorexia mística, cumple con el extraño requisito de morir en la entrega de un sueño o ideal intangible. Para ella “el amor no es un consuelo, es luz”... Que quedé en esta página un poco de su luz.

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