domingo, 13 de marzo de 2011
Los otros tsunamis: Crónica Mazatleca
Toda generación que olvida su pasado se ve obligado a repetirlo, reza un viejo adagio.
Hemos revivido, a escala magnificada y tecnificada, el escenario del maremoto –así se llamaban antes las tsunamis- de 1964, cuando otro Mazatlán, igual de alarmado y veloz, se volcó a los cercanos poblados de Concordia, Copala y, ¡hasta la Barrigona!, en fuga del inminente desastre.
Claro que en emergencias de este tipo ninguna alerta debe ser desestimada. Incluso durante el terremoto de Alaska de 1964 - que provocara la psicosis que aún recuerdan nuestros padres y abuelos-, existía un fundamentado riesgo real.
Los efectos de ese temblor provocaron olas que afectaron la muy distante costa de Chile. Alguna vez vi en Discovery Channel un largo reportaje sobre esa gran sacudida de la corteza terrestre que fue un real hito. Las huellas que dejó en Alaska se volvieron un referente para la ciencia sismológica.
En los años 60, el Ayuntamiento recibió la alerta y mandó el carrito de sonido de mí tío José Luis Robles a que avisara a la población de la inminente hecatombe. El propio Presidente Municipal, don Alberto Tripp Flores, fue a despertarlo por la madrugada para salir a enterar del riesgo a un Mazatlán donde no sólo no existían celulares ni internet, sino que tampoco se contaba con teléfono en todas las casas.
Así que, luego de mandar fuera a su mujer y sus hijas pequeñas, mi tío se subió a su Volkswagen rojo con bocinas en el techo para despertar a la población, acompañado por el propio alcalde en el asiento del copiloto, con el propósito de reafirmar la verosimilitud del aviso.
Ya pasada a la alarma, para mi tío fue muy duro que ciertos medios luego lo acusaran de haber provocado él solo el escándalo y hasta de haberse coludido con algunos ladrones que saquearon hoteles. Pudo haberse negado a ese recorrido en la mañana de aquel lejano Viernes Santo, ya que el pago ofrecido era lo de menos: realizó el acto a conciencia en un momento que no se sabía a qué hora podía irrumpir la gran ola.
Nunca se arrepintió de ese papel. Poco antes de morir recibió un reconocimiento del Ayuntamiento por ese gesto, gesto incomprendido en menos de 24 horas.
Ahora bien, todo ese ajetreo tuvo un origen justificado que, a toro pasado, es fácil descalificar. En 1985 tuvimos un escándalo sumamente lamentable porque surgió a partir de un vil rumor: qué en el programa matutino de Guillermo Ochoa, en uno de los dos únicos canales de tv, una vidente había pronosticado un maremoto para Mazatlán durante el mes de noviembre.
A diferencia de la alerta de 1964 y la del pasado viernes, que iniciaron por la madrugada y provenían de medios de comunicación serios y con base científica, el rumor añadía una fecha exacta que ya no recuerdo si era el 17 o el 27.
Estaba muy reciente el terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México. La gente seguía sensible y no pocos comenzaron a preocuparse sobre el riesgo de algún ciclón: el estero del Infiernillo comenzaba a ser invadido y rellenado y ya se hablaba del anárquico crecimiento de la ciudad.
De nada sirvió que el propio Guillermo Ochoa aclarara en otra emisión lo falso del asunto. La población no vio o no quiso ver la realidad. Decían que era cosa del gobierno que lo ocultaba. Llego el día y nomás cayó un aguacero.
Por cierto, ese Alcalde también fue famoso por implantar el toque de queda por la violencia que se vivía. Era la época de los legendarios “Mongoles”, una banda de pioneros del cholismo.
Ojalá esta reciente movilización social nos ayude – a todos – mantener un plan de contingencia lo más claro e inmediato posible, tanto en los hogares como de parte de las autoridades. Sé que existe: ahora el riesgo es que la gente desestime de antemano una futura alerta similar. ¡QUÉ NO NOS PASE!
domingo, 13 de febrero de 2011
Amor en letras
El amor en la literatura, comparado con otros temas, es asunto bastante reciente si lo confrontamos con la guerra, el odio, los caprichos de los dioses y los de la naturaleza misma.
Las epopeyas de la antigüedad tienen episodios violentos donde el romance es elemento secundario. La posición de la mujer es terrible, casi como valor de uso o trofeo político.
En el Ramayana o el Mahabaratha de la India, los hombres nunca se enamoran. Ya ni se diga en las tradiciones egipcias, babilónicas y hebraicas.
El gran trasfondo de la Ilíada no es el romance de Héctor y Elena (de hecho, las relaciones homosexuales entre Aquiles y Patroclo son un trasfondo igual de importante que las batallas de helenos y troyanos).
Nos encanta creer que el enfrentamiento entre Troya y los griegos surgió por un gran amor: en realidad, lo que estuvo en juego fueron las rutas comerciales de Oriente que tenían su base en Turquía. Como todas las guerras, el asunto era el dinero.
Los arqueólogos descubrieron en Troya restos de jade y demás evidencias de un encuentro refinado con las culturas asiáticas… en ese tiempo, los griegos eran una horda de pastores que peleaban entre si a lo largo de su árido país, al calor de vinos resinosos. Querían acceso a ese mundo y esta guerra los benefició, así como los enfrentamientos con Persia. Y en su mitología, las mujeres son crueles como Hera, imprudentes como la ninfa Eco o madres asesinas como Medea.
El ideal del amor, como tema principal en una creación literaria, analizado de principio a fin y donde los personajes viven atrapados por su hechizo, surge hasta la Edad Media. Es en el llamado “Amor cortesano” de los poetas provenzales y su versos galantes donde los académicos han situado el origen de este tema que hoy es infaltable en la poesía, el cine y donde quiera que la creatividad necesite dotarse de interés para las masas.
Antes, hubo breves epigramas amorosos en la antigua Roma, hechos por Catulo, Marcial y Propercio, poetas fallecidos antes de los 30 años y que por ello quizá sus obras fueron consideradas pecados de juventud.
El romance era algo poco serio para tomarse en cuenta en la literatura, acaso una desviación adolescente. El matrimonio, como hoy, era cosa práctica y razonada. Gracias esa visión, el gran poeta de Roma fue el pomposo Virgilio, que murió a edad avanzada mientras paseaba en la galera del emperador Augusto.
De estas dos fuentes, surgió la poesía de Dante Alighieri y la menos conocida de Francisco Petrarca. El amor a Beatriz Portinari es el sosten de La Divina Comedia y en su infierno revolotean dos amantes suicidas, Paolo y Francesa.
Petrarca es el primer gran enamorado de la literatura, tanto en los textos como en la vida: sus “Sonetos a Laura” surgieron por una mujer que lo dejó fulminado el 6 de abril de 1327, mientras salía de la misa de Viernes Santo a las 15:00 hrs. Antes de él, A NADIE se le había ocurrido darle importancia poética a un enamoramiento y, además, registrar el inicio de su calvario.
Advierto que una cosa es el amor y otra el sexo: éste no falta en las grandes obras de la antigüedad e incluso es la chispeante materia que mueve otras obras medievales como “El Decamerón” (Italia), “Los cuentos de Cantebury” (Inglaterra) y “El libro del Buen Amor” (España). Faltaban largas décadas para llegar a “Romeo y Julieta” o los madrigales de Sor Juana y Gutierre de Cetina. Ni el romance de Don Quijote y Dulcinea llegó a concretarse.
Hasta el tema del amor a Dios se maneja poco en la Biblia: sólo en el Cantar de los Cantares, San Juan y las Cartas de San Pablo se menciona directamente, pero eso mejor lo dejamos para Semana Santa.
domingo, 6 de febrero de 2011
Marquesados Literarios: un paseo por autores y títulos nobiliarios
Los marqueses más populares en la literatura son dos: el Marqués de Sade y el Marqués de Carabás: éste último suele ser uno de los primeros miembros de la realeza que los niños conocen, especialmente si sus padres pusieron a su alcance “El Gato con Botas”.
Del marqués de Sade han corrido más leyendas y referencias que de cualquier otro personaje similar de las letras. Su título era falso; aunque en la ciudad de Lacoste, en Vaucluse, Francia, aun se conserva un castillo que fue de su familia.
Para mayor referencia del mundo de la moda, acotemos que este castillo y casi todo el casco antiguo de Lacoste son propiedad del diseñador Pierre Cardin, quien enfrenta serios problemas con los lugareños por sus actitudes señoriales, las cuales incluyen el hecho de que nunca saluda a los nativos al pasear por la calle.
En la lengua española, pasando a terrenos más serios, tenemos al Marqués de Bradomín, creado por don Ramón del Valle-Inclán y especie de “otro yo” estilizado del autor gallego, y personaje de sus novelas llamadas “Sonatas”. La gente de su tiempo se refería al autor como “El señor Marqués”, asunto que no le desagradaba.
(Hay por ahí una producción fílmica de las Sonatas hecha en España, dirigida por Juan Antonio Bardem, tío del actor de “Biutíful”, en la que aparece María Félix.)
Valle-Inclán es un personaje mitad del siglo XIX y mitad del siglo XX. Sus famosas barbas de chivo provocaron muchos chistes y es pionero de dos detalles modernistas: escribió la primera novela sobre la figura de un dictador latinoamericano (“Tirano Banderas”) y también es el primer autor español de quien se tiene noticias de que fue fumador de algo más que tabaco, según dejó escrito en un libro llamado “La pipa de Kif”.
Camilo José Cela es otro escritor que ha sido elevado a la realeza. Nació en Padrón, también en Galicia, como Valle-Inclán, más exactamente en una parroquia llamada Iria Flavia. Luego de recibir el Nobel, Camilo José Cela fue erigido como Marques de Iria Flavia, distinción que por cierto no se le dio a los dos otros Nobels españoles anteriores: Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.
Tal vez no les tocó porque la costumbre de dar títulos heráldicos a los escritores y artistas populares nació antes en Inglaterra, donde se nombró caballeros a personajes como Sir Rudyard Kipling o Sir Lawrence Olivier, quienes eran tipos bastante solemnes en los años cuarenta.
Uno de ellos fue cantor literario del Imperio Británico y el otro un emblemático actor shakespereano que hasta se casó con Vivian Leigh, más recordada como “Scarlett O’Hara”.
Más recientemente, se nombró “Sir” a figuras Pop como Sir Paul McCartney y hasta Sir Elton John. Esto fue un intento de las casas reales para ganarse la simpatía de los electores que fue seguido apresuradamente por la Casa de Borbón, también cada vez más cuestionada por sus súbditos. (Felipe González se negó a aceptar un título nobiliario por coherencia con su pasado socialista).
Tengo curiosidad por saber cómo será el escudo de Mario Vargas Llosa. El de don Camilo tiene “dos plumas de oro dispuestas en aspa, sobre campo de azur, acompañadas de tres veneras de plata, una en cada flanco y otra en punta, y en lo alto una estrella de ocho puntas de oro”, según consulté en una página oficial.
Si Gabo hubiese adquirido la doble nacionalidad y, de haberle tocado ese honor, hubiera tenido el redundante título de “Marqués de García Márquez”, aunque quizás él prefería ser “Príncipe de Macondo” o “Conde de Aracataca”.
A ver si uno de estos días, Su Majestad Don Juan Carlos de Borbón y de Borbón, amanece con sentido del humor político y tiene la ocurrencia de, a manera de consuelo, nombrar a García Márquez Paje Oficial de Don Fidel Castro, amo y señor de la isla de Cuba y amigo suyo hasta la ignominia.
domingo, 30 de enero de 2011
Adios, Turismo de Mazatlán
Publicado en NOROESTE Mazatlán
Ya se fueron parte de los cruceros. ¿Qué otra parte de Mazatlán se irá con ellos?
La semana pasada ocurrieron dos fenómenos interesantes en la costa del Pacífico. El primero es el que nos afecta de manera inmediata: el retiro de varias líneas de cruceros que dejaban significativa derrama en nuestro destino.
El otro fenómeno lo vi en la televisión nacional cuando, con bombo, platillo y fanfarria, el Gobernador de Colima anunciaba que Manzanillo se volverá ya un gran puerto de cruceros e, incluso, tendrá uno de inversión totalmente mexicana que lo tomará como punto de embarque.
Tan significativo fue el hecho que en este evento estuvieron tanto el Gobernador de Baja California, Narciso Argúndez, como la actual Secretaria de Turismo Federal, quien por cierto hoy se encuentra de visita en el puerto para tratar de resolver el problema de Mazatlán.
El buque Chihuahua Star, que hacía la ruta Mazatlán-La Paz, se nos fue a Topolobampo, que también ya recibe cruceros. De ahí, muchos visitantes se van a conocer El Fuerte, sitio donde ahora resulta que ahí nació “El Zorro” y el gobierno apoyó la creación de un monumento… pese de que está demostrado que El Zorro no sólo no nació ahí, sino que además, nunca existió.
El Zorro fue inventado por el periodista de nota roja Johnston McCulley. Nacido en Illinois, donde se inició escribiendo en “The Police Gazette”, McCulley incluso ni conocía California, ya que su trabajo menciona plantas que en ese estado no existen, salvo en invernaderos.
La única coincidencia es que “El Zorro” se llama Diego Vega, apellido común en el norte del estado, a la manera de los Osuna y Lizárraga de por acá. Con eso les bastó a la Iniciativa Privada, Gobierno y medios locales para elevar a producto tangible una leyenda atractiva para los extranjeros.
En Colima no se durmieron. Desde hace rato recrearon un Centro Histórico, mejoraron la terminal de cruceros porque algunos visitantes no se bajaban del barco al ver tantas grúas, además de que impulsaron visitas a la Laguna de Cuyutlán y a Comala, pueblo básicamente de mariachis. En la Plaza Principal del Centro Histórico hasta pusieron una escultura de un pez vela casi del tamaño de nuestros Monos Bichis.
Esas obras de Manzanillo empezaron en 2002. Aquí, el año pasado, un turista de crucero tuvo un accidente al desaparecérsele el piso en una de las glorietas del malecón, quizá por falta de mantenimiento y supervisión en el marco de la debacle de fin de trienio.
¿Qué nos faltará a Mazatlán para salir de este bache? No basta sólo con la seguridad. Además de mejorar los servicios, quizá nos urja más imaginación o la bizarría de otros municipios, que no tienen miedo de poner una escultura a un pez vela o un zorro. De perdida habrá que erigir una estatua a John Wayne, auténtica leyenda gringa que visitaba a Mazatlán, en su rincón preferido: el muelle de la flota deportiva junto al faro.
Esto no sólo es obligación de las nuevas autoridades de Turismo, si no de una conciencia general de prestadores de servicios turísticos y el resto de la sociedad.
La inversión de hace veinte años atrás, a favor del rescate del Centro
Histórico y, en concreto, la reactivación de la vida cultural en torno al Teatro Ángela Peralta, fue un esfuerzo visionario del cual hoy seguimos viviendo. Ya es tiempo de renovarnos y darle mayor impacto a lo logrado.
No digamos que la moneda está en el aire. Eso equivale a confiar en la suerte. Las ideas están el aire: el reto es aterrizarlas, materializarlas, volverlas auténtica propuesta positiva.
domingo, 16 de enero de 2011
Ophicus y el oficio del astrólogo
Querámoslo o no, el Zodiaco es uno de los símbolos de la personalidad o el destino que siguen con nosotros desde tiempo inmemorial.
Hace días, el cosmos y el imaginario colectivo se vieron envueltos en un delirio por el anuncio de un astrónomo gringo, revelando la aparición de un nuevo signo y la rotación inmediata de los demás entes astrológicos.
En realidad eso es noticia vieja. En “Cosmos”, el libro clásico de Carl Sagan realizado en los 70 y luego llevado a la tele, ya advertía que el eje terrestre había modificado su curso hace 2000 años y que las constelaciones habían cambiado de posición, cosa que los astrólogos no parecían haberse percatado.
Por el otro lado, los astrólogos afirman que sí se habían dado cuenta de ese suceso, pero que decidieron dejar los doce signos para no romper la armonía de sus categorías (agua, tierra, viento y fuego) con un treceavo más. Aparte, sostienen que lo que rige el ciclo en realidad son los solsticios y equinoccios solares. También la luna manda.
En la antigüedad, los solsticios eran el 24 de diciembre y el 24 de junio. ¿Les suenan conocidas esas fechas?
Por mi parte, no acudo al zodiaco para regir mis decisiones, pero con los años, me he dado cuenta que mis grupos de personas afines festejan sus cumpleaños en las mismas temporadas. En junio y diciembre me la paso bien ajetreado con festejos de sagitarios, cánceres y géminis.
No me conviene creer en el zodiaco porque soy Piscis con ascendente Géminis, los dos signos dobles y contrarios: lo que me salvaría fue que nací al día siguiente de un eclipse, con un cielo nuevo y en domingo, a las 12 en punto del mediodía. Mis padres tenían ambos signos.
Una vez conocí un parasicólogo que no podía creer que yo fuera Piscis, por el tipo de vida que llevo y mi modo de ser. Aventuró que tenía un géminis muy dominante… ya qué conoció más mis defectos personales aceptó que ese si era mi signo.
Según las revistas del corazón, principales autoridades a la hora de hablar del zodiaco, Piscis es un signo débil, tímido, soñador y caprichudo. Mi tío Chivi, que siempre usa sombrero, botas y maneja tráilers desde muy joven, compra billetes de lotería Tauro porque dice que Piscis no sirve. Me di cuenta hace años cuando un día le abrí la cartera, ya que era de los que llegaban a la casa de visita dándonos buen dinero a los niños. No voy a escribir aquí para qué tipo de persona considera que debe corresponder el signo Piscis.
Los horóscopos comenzaron a aparecer en los periódicos en Paris por los años veinte. La referencia la tenemos por el poeta surrealista y astrólogo André Bretón quien se quejó de eso. Sólo eran válidos los vaticinios hechos de manera individual, carta astral en la mano y billetera lista.
La verdad, los astrónomos no deberían meterse con la astrología por el mismo motivo que los astrólogos tampoco deberían entrometerse con la exploración espacial: cada quien tiene su público.
Supe de Oficus hace años en un programa de Guillermo Ochoa, el antiguo informador de las amas de casa pero, desde entonces, yo no creía que fuera importante todo lo que se decía en el Canal 2, especialmente los sábados por la mañana.
Por cierto, la horrible palabra Ofiuco puede volverse Ophicus, tal como la escribí, por el mismo motivo que decimos Géminis y Piscis en vez de gemelos y pescados, ¿o no?
domingo, 9 de enero de 2011
Crónica Mazatleca: La leyenda de El Buto
Me considero mazatleco de pura cepa porque uno de mis amigos de infancia fue un personaje tan emblemático que, con ese sólo antecedente, daría carta de naturalización a cualquiera.
De hecho, antes de ser “amigo de infancia”, fue una imagen antagónica y perturbadora, mucho más inquietante que el mítico hombre del costal, personaje que siempre es un ser intangible y por lo tanto, poco creíble, tal como muchas cosas que suelen decirle los adultos a los niños.
En mi infancia, si yo no consumía mis sagrados alimentos a la hora y el momento preciso, sentado afuera de mi casa aguardaba el ejemplar castigo. Un ser real que parecía venir de un mundo bizarro.
Me refiero al Buto, figura señera de nuestras calles, personaje central de nuestras plazas, amo y señor de cada uno de los rincones de este incomparable puerto. ¿Quién no lo conoce y lo reconoce? ¿Qué dama de Mazatlán no ha sentido vulnerada su intimidad con la mirada invisible de este errante fantasma de las banquetas?
Si, este señor de piel tostada, mirada apacible y sonrisa abierta, era visitante frecuente en mi barrio. Claro que es escaso el sitio de Mazatlán en donde este cuadrumano caminante no haya dejado su huella, pero especialmente hacía estación afuera de la casa de mis abuelos, donde era común verlo tomando el fresco.
Ahí estaba, tranquilo, a veces hojeando alguna revista con las páginas al revés. Uno de los vendedores de esa época solía regalarle de vez en cuando un vaso rebosante de agua de cebada y no era raro verlo masticando los hielos con gran alegría.
Cuando superamos la edad de que “si no te comes la sopa le vamos a hablar al Buto para que te lleve”, nos hicimos amigo de él, ya que lo saludábamos cada vez que ascendía el cerro y el correspondía con un sonido gutural, mostrando su dientes amarillos y su mirada vidriosa, antes de recargarse en la alta banqueta y mirarnos filosóficamente. A veces duraba largas horas echado bajo nuestra ventana... Quizás en mi barrio de la calle Luis Zúñiga sobrevivía algún fermento de su memoria.
Por cierto, toda la vida oí que la gente de mi rumbo le decían “El Guto”. De la 5 de mayo para abajo ya era “Buto”. ¿Se llamaría en realidad “Gustavo” o “Augusto”? En Cuba y Brasil ese nombre es un diminutivo común. Aquí en México no se utiliza.
Eso abre la puerta a las otras leyendas que circulan en torno a este enigmático vagabundo. Se dice que una vez bajó de un barco en el muelle; otros juran que fue abandonado por una familia errante que despreció su condición física; hay quienes afirman que es heredero de una cadena de tortillerías en una ciudad del norte, cadena de la que fue despojado por familiares ambiciosos a la muerte de sus padres, en fin…
Una de las vecinas, Doña Necky, solía darle de comer y de vez en cuando lo bañaba a manguerazos, pero no era su madre biológica. A veces le tocaba la puerta llamándole “mamá”, una de las pocas palabras que le he escuchado pronunciar. La otra era el nombre de mi padre, a quien saludaba sigiloso, tocándole el tobillo mientras conversaba de espaldas, dándole un ligero susto para después nombrarlo con su voz hueca: “Juaaanjooo”.
Donde bañan seguido al Buto es en el Mercado Pino Suarez. Y es que una tienda departamental de ropa popular suelen regalarle la ropa que normalmente usa. La única condición que le pone el propietario es que acuda bien bañado para recibir la donación. Entonces encamina sus pasos al mercado y ahí lo bañan a golpe de manguera mientras se ríe a carcajadas.
Han pasado las décadas y a veces se le puede ver sentado en el camellón de la cuchilla de Juan Carrasco. También es personaje emblemático en los servicios sanitarios de unos negocios ubicados por el Antiguo Camino a Urías.
Ha sobrevivido a enfermedades y atropellamientos. El día que lo perdamos, Mazatlán ya no será el mismo. Pero la leyenda continúa. Gente como él hace la historia y le da forma, relieve y memoria con su presencia.
De hecho, antes de ser “amigo de infancia”, fue una imagen antagónica y perturbadora, mucho más inquietante que el mítico hombre del costal, personaje que siempre es un ser intangible y por lo tanto, poco creíble, tal como muchas cosas que suelen decirle los adultos a los niños.
En mi infancia, si yo no consumía mis sagrados alimentos a la hora y el momento preciso, sentado afuera de mi casa aguardaba el ejemplar castigo. Un ser real que parecía venir de un mundo bizarro.
Me refiero al Buto, figura señera de nuestras calles, personaje central de nuestras plazas, amo y señor de cada uno de los rincones de este incomparable puerto. ¿Quién no lo conoce y lo reconoce? ¿Qué dama de Mazatlán no ha sentido vulnerada su intimidad con la mirada invisible de este errante fantasma de las banquetas?
Si, este señor de piel tostada, mirada apacible y sonrisa abierta, era visitante frecuente en mi barrio. Claro que es escaso el sitio de Mazatlán en donde este cuadrumano caminante no haya dejado su huella, pero especialmente hacía estación afuera de la casa de mis abuelos, donde era común verlo tomando el fresco.
Ahí estaba, tranquilo, a veces hojeando alguna revista con las páginas al revés. Uno de los vendedores de esa época solía regalarle de vez en cuando un vaso rebosante de agua de cebada y no era raro verlo masticando los hielos con gran alegría.
Cuando superamos la edad de que “si no te comes la sopa le vamos a hablar al Buto para que te lleve”, nos hicimos amigo de él, ya que lo saludábamos cada vez que ascendía el cerro y el correspondía con un sonido gutural, mostrando su dientes amarillos y su mirada vidriosa, antes de recargarse en la alta banqueta y mirarnos filosóficamente. A veces duraba largas horas echado bajo nuestra ventana... Quizás en mi barrio de la calle Luis Zúñiga sobrevivía algún fermento de su memoria.
Por cierto, toda la vida oí que la gente de mi rumbo le decían “El Guto”. De la 5 de mayo para abajo ya era “Buto”. ¿Se llamaría en realidad “Gustavo” o “Augusto”? En Cuba y Brasil ese nombre es un diminutivo común. Aquí en México no se utiliza.
Eso abre la puerta a las otras leyendas que circulan en torno a este enigmático vagabundo. Se dice que una vez bajó de un barco en el muelle; otros juran que fue abandonado por una familia errante que despreció su condición física; hay quienes afirman que es heredero de una cadena de tortillerías en una ciudad del norte, cadena de la que fue despojado por familiares ambiciosos a la muerte de sus padres, en fin…
Una de las vecinas, Doña Necky, solía darle de comer y de vez en cuando lo bañaba a manguerazos, pero no era su madre biológica. A veces le tocaba la puerta llamándole “mamá”, una de las pocas palabras que le he escuchado pronunciar. La otra era el nombre de mi padre, a quien saludaba sigiloso, tocándole el tobillo mientras conversaba de espaldas, dándole un ligero susto para después nombrarlo con su voz hueca: “Juaaanjooo”.
Donde bañan seguido al Buto es en el Mercado Pino Suarez. Y es que una tienda departamental de ropa popular suelen regalarle la ropa que normalmente usa. La única condición que le pone el propietario es que acuda bien bañado para recibir la donación. Entonces encamina sus pasos al mercado y ahí lo bañan a golpe de manguera mientras se ríe a carcajadas.
Han pasado las décadas y a veces se le puede ver sentado en el camellón de la cuchilla de Juan Carrasco. También es personaje emblemático en los servicios sanitarios de unos negocios ubicados por el Antiguo Camino a Urías.
Ha sobrevivido a enfermedades y atropellamientos. El día que lo perdamos, Mazatlán ya no será el mismo. Pero la leyenda continúa. Gente como él hace la historia y le da forma, relieve y memoria con su presencia.
domingo, 2 de enero de 2011
AÑO NUEVO: LA OBLIGADA REFLEXIÓN
¿Por qué la mayoría de la gente esperamos hasta Enero para plantearnos propósitos significativos? ¿Acaso las metas deben tener ciclo o caducidad de doce meses para que nos llamen a la reflexión y al compromiso?
Igual sentimiento comparto con las celebraciones de Centenarios o Bicentenarios tanto de personajes ilustres o cuestionables sucesos políticos... Me pregunto de donde vendrá esa obsesión occidental por los números decimales.
La mayoría de las metas planteadas por muchos de nosotros en estas fechas se relacionan con la salud y el aspecto físico. Ahí están los gimnasios y malecones, abarrotados durante las primeras semanas del año. Luego, el económico.
Sin embargo, el cambio mental o de ideal político en realidad está en otro nivel de prioridades. Casi nadie va con el sicólogo, pero si con el nutriólogo, al despuntar enero.
En el sentido espiritual, los calendarios religiosos ofrecen las opciones de la Cuaresma o el Ramadán en el mundo Islámico como periodos de reflexión y análisis de conciencia, por no hablar de las coloridas expresiones orientales en el momento de la renovación. Ambas se rigen por el antiguo calendario lunar.
Tomás de Kempis decía que es imposible volverse santo de un día para otro, pero que si dejamos de cometer un pecado al año, aunque éste sea venial y ya no volvamos a repetirlo, podríamos acercarnos poderosamente a lo que él llamaba La imitación de Cristo.
Para los chinos, este que viene será el Año del Conejo de Metal y se plantea como tiempo de encontrar el equilibrio, la calma, la sensibilidad y la ternura, cualidades del conejo, según algunas de las premisas de esta creencia milenaria.
Los mexicanos parecemos esta acostumbrados a que los cambios de fondo surjan a partir de los ciclos políticos, tanto sexenales, trienales o de fractura grupal. Prueba de eso fue la excesiva confianza concedida en su momento a Vicente Fox… con su consiguiente decepción multitudinaria.
Hace días, en las páginas de este mismo diario, Denisse Dresser argumentaba que la gente se resiste al cambio personal porque, si la clase política siguen en las mismas prácticas, los demás consideran que no tiene ningún sentido sacrificarse en modificar sus conductas.
Nunca será tan precisa aquí la frase de que “todos los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”.
Culpar a los políticos del estado de cinismo, desfalco o putrefacción en que se encuentra una sociedad, puede parecer muy cómodo, aunque recordemos que estamos en un país con pocos elementos para ejercer una democracia directa, fuera de las elecciones. ¿Alguna vez hemos tenido un referéndum para aprobar una nueva ley o política de estado?
En 1978, Abel Quezada dijo: “Para ser político en México no se necesitan ideas, mucho menos ideales. Basta con la disciplina, el silencio, la complicidad, el encubrimiento y la abyección”.
En verdad, esos elementos no pertenecen en exclusiva para los políticos, sino que también ya han sido adoptados por la mayoría de sociedad para poder sobrevivir en el esquema en que hoy nos encontramos atrapados.
Aunque usted no crea en las creencias de la cultura china, quizás sea buena la imagen poética del Año del Conejo para aprovecharlo para dar un gran salto hacia adelante, pero que sea real: ya ese concepto lo usaron también en China para definir un proceso de la Revolución Socialista que luego se volvió un callejón sin salida.
Enero es un mes que recuerda las dos caras del dios Jano: hay que elegir mirar hacia el lado correcto. Nunca ha sido sencillo, pero si la vida fuera demasiado sencilla, nunca sabríamos bien como aprovecharla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)