domingo, 14 de agosto de 2011
Escuchando a Joaquín Rodrigo: mi primer concierto
A mi siempre me acompañó la música.
La primera vez que escuché algo distinto de don Joaquín Rodrigo, uno de mis compositores favoritos modernos, fue en un concierto del Canal TRM transmitido en vivo allá por 1983: a través de esa pantalla tuve mi encuentro iniciático con su “Fantasía para un Gentilhombre” para guitarra y orquesta.
Digo distinto porque, en esa época, a cada rato veíamos un vulgar comercial de una mueblería del DF que -de seguro sin pagar derechos de autor- usaba el Concierto de Aranjuez de Rodrigo para mostrar sus juegos de sala, cocinas integrales y barras de cantina domésticas.
Desde entonces, he frecuentado la música de un autor que se ha vuelto un soundtrack intermitente de mi existencia y casi he comprado todas sus grabaciones, aunque la primera fue una versión para flauta transversa de la “Fantasía” que grabé en casette, gracias a Luis Homero Lavín, mi primera amistad melómana en Mazatlán y mayor que yo por más de 30 años.
Me reconcilié con el Concierto de Aranjuez cuando, al cumplir 17 años y, con el práctico dinero que prefería en vez de una incómoda celebración, me compré un disco LP con la versión de Alexandre Lagoya donde dicha versión venía escoltada por Fantasía para un Gentilhombre. Esto era en “Ocean Records”.
Era fascinante el tono confidencial de la guitarra, el susurro de los cellos y la orquesta apareciendo en el momento preciso con ecos de pajarerías, trino de feria o chiquillerías de percusiones al ritmo ecuestre del primer movimiento. El tercer movimiento me arrobó por sus picardía sutil y a la fecha sigo sin soportar al segundo, que es el más usado aún por la televisión comercial.
De las pocas personas con las que yo hablaba de música era con mi tío Martín, entonces estudiante de arquitectura en la UNAM, quien en sus vacaciones pasaba sesiones conmigo escuchando mis pocos y preciados discos. Poco después de ese encuentro con Aranjuez, y ya recién graduado mí tío, lo visité dos semanas a finales de 1987 y el último día hizo un gran esfuerzo para llevarme a escuchar a la OFUNAM en la Sala Netzahualcóyotl.
Y digo gran esfuerzo porque nunca olvidaré esa rauda mañana de domingo en la que Insurgentes me pareció un gran freeway gringo, manejando él a gran velocidad e ignorando dos semáforos, luego de haber checado la cartelera en la prensa y descubrir que nos quedaba el tiempo justo para ir al concierto y, luego al final, pasar a dejarme a la central camionera… Había una fila inmensa a la que pacientemente nos agregamos y el ánimo se nos vino al piso cuando el altavoz anunció que dentro de 15 minutos se iba a cerrar la sala.
Esperanzados, vimos que una familia junto a nosotros -aunque en un punto más cercano a la taquilla, dado que la fila tornaba como un caracol-, decidía huir al percatarse de lo inminente del cierre, pero nosotros tomamos el sitio vacante gracias a su compasiva condescendencia y espíritu de esperanza…
Cosa de milagro fue que la fila avanzó más rápido y, contra todo lo esperado, mi tío consiguió los boletos y entramos a la sala al justo cierre de la puerta, sentándonos en el espacio del coro, mientras por el escenario aparecía el guitarrista Alfonso Moreno quien, luego de la ovación, inició mi primera audición en vivo del “Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo.
Más tarde asistiría a varios conciertos en vivo aquí en Mazatlán, incluso una versión del Aranjuez con Heriberto Soberanes, y he conseguido grabaciones de toda la obra de Rodrigo. pero ese primer concierto sigue resonando en cada partícula de mi memoria. Y si a veces me falta humor para asistir al teatro, evoco ese momento cuando ir a un concierto era viajar a otra ciudad y aparte sobrevivir a toda una odisea para llegar a sus primeras notas... Aún no dejo de escucharlo a cada momento.
sábado, 6 de agosto de 2011
En Huasca de Ocampo
Acabo de volver de Huasca de Ocampo, Hidalgo, pueblo mágico donde participé en un encuentro de creadores del Fondo Nacional de las Artes donde funjo como tutor de novelas. He aquí mis impresiones de la región en el terreno turístico. (El del encuentro de las diversas tribus de escritores, pintores, coreógrafos y artes en ascenso me llevaría toda una novela).
Las actividades fueron en la inmensa e inundada Hacienda de San Miguel Regla, terrorífico recuerdo del Conde de Regla, Pedro Romero de Terreros, amplio hotel en cuyo centro yace el antiguo casco, inundado a manera de lago artificial, por el cual uno puede remar bajo los árboles musgosos y entre los patos crocantes... Es tan peculiar que han filmado ahí varias películas de terror,
Nos tocó una boda de postín el sábado, realizada en la Iglesia dedicada a San Miguel Arcángel que está a la entrada y me sorprendió que durara tanto la ceremonia… luego supe que el novio se tardó dos horas en llegar a la cita y por eso los invitados estuvieron tanto tiempo afuera del templo, sin saber si entrar o volver al rato.
Por fortuna, el domingo tuvimos mañana libre y bajamos a la barranca vecina donde están los prismas basálticos, formaciones rocosas de amplias figuras rectangulares donde una cascada irrumpe con gracia. Si bien el sitio ya luce un poco “teoticahuanizado” -por la cantidad de puestos que venden cosas ajenas a la cultura de la región,- la visión del torrente y su frescura pagan el viaje.
De ahí, la visita obligada era ir a Huasca a disfrutar la barbacoa, el pulque y los mixiotes, y si bien un taxi nos cobraba 60 pesos, un amable señor nos dijo que yendo en lancha a través de la presa que cubre otra vieja hacienda nos ahorraríamos un buen trecho de camino, además de la mejora del paisaje. En efecto, por diez pesos por persona emprendimos el recorrido lacustre y el lanchero nos paseo cerca de la chimenea de la hacienda, único punto visible del viejo esplendor.
Cerca de Huasca hay un Museo de los Duendes, ya que en esa región hubo muchas minas e ingenieros británicos que vivieron por décadas con sus familias, las cuales trajeron de allá sus creencias.
También el gusto por los “pastes”: unas empanadas de hojaldre a las que les ponen salchicha, arroz con leche, carnita de puerto e incluso mole.
Lo que quiero recalcar es que la gente era muy servicial, pero no a la manera de los estados del sur, donde son de una cortesía natural de nacimiento hacia el visitante y hasta el tono de voz revela esa educación. Parece ser que todos estaban conscientes de la necesidad no sólo de atender bien al turista, sino de ayudarlo a ahorrar, encontrar lo mejor y sentirse en confianza.
El boom de Huasca es reciente, aunque siempre tuvo un público fiel entre habitantes del centro del país. Un amigo filmó una película ahí hace años y dice que la producción acabó diciéndole “Guácara de Ocampo” por lo aburrido que era antes. Hoy tienen tirolesas, gotcha, buenos restaurantes y tiendas de golosinas.
De regreso a Mazatlán, mi vuelo nocturno llego muy demorado y, para no exponer a mi familia, me vine en un taxi del Aeropuerto que no me encendió el aire, se vino a una velocidad agresiva llenándome de polvo por las obras inconclusas de ambos puentes a la entrada de la ciudad y ni las buenas noches me dio al dejarme en casa. Así, ¿cómo vamos a levantar Mazatlán?
Para la otra, mejor le doy una lana a un vecino que tiene vehículo y necesidades... Quizás falta que nos den algunos cursos para recordar que hasta los viajeros locales requieren atención. O que conozcamos la verdadera pobreza y entonces, ahora sí, cuidemos a una de las pocas industrias que mantienen vivo a este extraño país.
domingo, 29 de mayo de 2011
El paso del tiempo
Tan sencillo como que las cosas y los rostros no cambien con el tiempo
Pasé una tarde con el quiropráctico. Ahora tengo un padecimiento que sólo les da a los adultos mayores y a los deportistas: lesión en los meniscos.
Me halagó el señor al preguntarme, a la hora de rastrear el origen del daño, si fui cátcher en mi juventud. “No”, le dije, “nada más he sido shortstop como el perro Snoopy y mi infancia fluyó frente al televisor”.
El aviso es que, después de los 40 años, ya no se puede correr con el mismo brío por el malecón. Véase en el espejo y recuerde la manera en que vivió su vida, antes de meterse a rutinas de ejercicio.
En vez de eso, acudí al espejo del prójimo. Me puse a ver las páginas de Facebook de algunas mujeres de mi pasado. Para algunas, las más remotas, el bótox fue algo tan destructivo como una epidemia de lepra... esos rostros que me miran ahora desde la pantalla, marcados por la intervención vanidosa, ¿alguna vez despertaron pasiones y provocaron incendios más terribles que los de la Troya homérica?
En un programa de comedia gringa llamado "Better with you", una de las protagonistas dice que los hombres somos idiotas hasta los 27 años y que, a partir de ahí, comenzamos a componernos poco a poco.
Debe de haber aquí algo de cierto: a partir de las 30, la raza anda alivianada y se mueve sin prejuicios. Todos los protocolos, desde el acto de conocerse hasta el sexo y los negocios, se van en automático y hay menos lío que a los veintitantos a la hora de relacionarse. Ya todos han tenido carrera, matrimonio o divorcio y se dan cuenta que no tiene mucho sentido aparentar lo que no eres.
Enciendo la tele y escucho esta frase: “Si sabes lo que eres, no tienes nada que demostrar". Esto no fue en un programa cultural, sino en un anuncio de Dolce Gabbana for men
La sensación de cierre un ciclo no me sobrevienen solo con los achaques físicos: las cosas que dan vueltas, como ciertos aniversarios de cosas que ocurrieron en mi infancia y parecen repetirse. Figuras como las de Juan Pablo II o John Lennon parecen ser algunas de las marcas que el tiempo dejo en mi infancia y adolescencia.
La primera vez que vino Juan Pablo II a México el evento me desconcertó porque nos quitaron las caricaturas. Yo tenía 8 años y en la tele, sólo dos canales. Las caricaturas nos las suspendían sólo cuando había futbol o el Presidente daba su informe, asuntos al parecer más importantes que nuestro pasatiempo.
Si ya daban en vivo las transmisiones en el Canal 2, sitio de telenovelas, noticieros y todas las cosas aburridas, ¿qué necesidad había de quitarnos también el Canal 5 con todo y Tío Gamboín? La explicación de mi papá -hombre sabio que siempre respondía mis preguntas - era que lo habían hecho por política.
En esa primera visita de Juan Pablo II a México, el narrador de la tele era Paco Stanley. Lo recuerdo perfectamente e incluso leí en el TELE-GUÍA que le llamaron la atención por decir "tiara" en vez de "mitra" a la hora de describir el atuendo del Santo Padre.
¿En qué momento supieron los organizadores que a Karol Wojtyla le gustaba la música de Roberto Carlos? Por esa época, nos hicieron cantar en la primaria el Día de la Madre la cancioncita de "Amigo" y ya sentíamos que nos elevábamos todos al cielo en cuerpo y alma. Qué diferencia ahora que hasta los maestros les dan a los niños los resultados de los exámenes.
Yo supe de Lennon el día de su muerte: tenía diez años. Un año antes, le habían disparado al Papa. La verdad, me pregunté si algo tenían que ver entre si esa repentina obsesión por atentar contra personas. Intuí la importancia de Lennon cuando vi un reportaje en PARA GENTE GRANDE, programa que ya veía a los 10 años, junto con COSMOS. Las otras opciones eran el Tío Gamboín y Chespirito.
No asociaba a Lennon con los Beatles, que yo creí que era un grupo aún en activo que escuchaban mis primos mayores y amigos fresitas de la primaria. Desde entonces, vivía a cierta distancia de esa cultura musical por diversos motivos. Mis amigos oían a los KISS y a Village People, grupos que nunca entendí porque nunca sentí que hubiera algo más allá de su vestuario y el tiempo me dio la razón. (Les invitó a descifrar las letras de los KISS y verán que no tiene nada de maléficos.
Cuando yo estaba en la prepa, Beijing era Pekín, Gadafi era Khadaffy y el PRI era el PRI. Un personaje de Stalker (Tarkovsky) dice: "La Edad Media era más interesante: cada casa tenía su duende y cada iglesia su dios". Hoy hay dioses, demonios y profetas por todos lados.
Cambian los símbolos, Y como dice una canción de Incubus “Mi pasado es peligroso, pero cada cicatriz que llevo canta monumentos de donde he estado y melodías a donde voy”… ¿También lo harán los meniscos? No puedo dejar de preguntármelo.
domingo, 22 de mayo de 2011
Apocalípticos y desintegrados: el juicio final pospuesto
Las teorías del desastre suelen ser las más exitosas. La vocación del ser humano por lo inminente y su asombro por la tragedia generalmente triunfan.
Desde el jueves pasado, redes sociales y antisociales han recibido una dosis diluvial de comentarios sobre este asunto, instalados en los más dispares y disparatados sentidos.
La pasada psicosis mediático-cibernética sobre la venida del Día Grande y Terrible arroja luz sobre nuestro catastrofismo natural. El tremendismo es una necesidad tan adictiva como la adrenalina, y más si son catapultadas por hechos recientes como el tsunami, la inseguridad y el constante estado febril de la vida moderna.
¿Hasta dónde debemos tomar ciertas afirmaciones de la Biblia de manera literal? Me refiero tanto a los creyentes como los no-creyentes.
Se nos olvida que la Biblia es una compilación de diversos escritos, ordenados y discutidos en diversos concilios, cuya interpretación se presta a mucho enfoques, incluso dentro del marco de una misma iglesia. Son literatura inspirada y un gran testimonio del origen de la sociedad de occidente.
El debate lleva varios siglos, ha involucrado a grandes mentes e incluso a figuras alzadas a los altares, pero aún no concluye la discusión sobre la literalidad de algunos conceptos.
Si usted toma la Edición Pastoral de la Biblia Latinoamericana, disponible en cualquier librería de la Iglesia Católica, se sorprendería de la modernidad de sus comentarios: acepta la posibilidad de que el paso por el Mar Rojo haya sido una exageración añadida por otros editores, aunque en ningún momento nos niega el milagro. Sólo señala la existencia de dos escritos diferentes.
Las discusiones sobre la historicidad o canonicidad de algunos textos de la Biblia se sostuvo por varios siglos en el mundo católico. El Apocalipsis, de donde provienen la mayoría de las hipótesis del fin del mundo, fue aceptado en el canon religioso hasta el año de 382, pero la querella se prolongó e, incluso, santos como Juan Crisóstomo no estaban de acuerdo con su inclusión.
Este asunto cobró nueva vida con la Reforma y la Contrarreforma, en donde las Iglesias Protestantes usaron su propia versión de la Biblia -la llamada King James- y la cual aún no acepta varios de los libros llamados Deuterocanónicos, es decir, aquellos de los que sólo se preservó el original escrito en lengua griega. (El asunto en realidad es mucho más complicado).
De ahí que algunas religiones en lengua inglesa hayan vuelto a retomar esta discusión sobre el fin del mundo. Contando las generaciones de la Biblia, el Arzobispo anglicano James Usser sacó la cuenta en 1650 y llegó a la conclusión de que la tierra había sido creada “el atardecer al domingo 23 de octubre del año 4004 A. C.”… Otro religioso anglicano propone el año 3929 y la diferencia se basa en que usó otro calendario hebreo más antiguo.
Esto le da a la tierra la edad de 6000 años: si el mundo fue creado en seis días, entonces todo checaría. Habrá que ver si el Creador tiene la misma obsesión que tenemos nosotros por los números decimales. (En la Biblia, aparecen más seguido el 3, el 7 y el 40 a la hora de proporcionar elementos simbólicos)
Recordemos lo que dice el propio Jesucristo en los evangelios: hay que estar preparados porque ese día grande y terrible llegará sin previo aviso. Aunque que también pudo haberse referido a la hora final de cualquera de los seres humanos creyentes en su ministerio.
Algunos teólogos piensan que el fin de mundo no vendrá de esa manera, si no que el Apocalipsis sólo utiliza una serie de símbolos y mensajes ligados a la liturgia de las primeras iglesias y que su profecía va más allá de los Cuatro Jinetes. El reino de Dios también estaría en la tierra y el Juicio Final sería aquel que nos toca a cada uno de nosotros. Pero como dice Benedicto XIV, hay asuntos en donde nuestra fe se mueve a tientas.
domingo, 10 de abril de 2011
Con temple mazatleco
Según me entero, a Charles Portis, el autor de la novela “True Grit” (¿Con temple de acero?), historia de donde fue inspirada la reciente película de vaqueros nominada al Oscar, le gusta venir a Mazatlán.
No sólo eso: es aquí en Mazatlán donde compra las cintas para la máquina de escribir con la que escribe sus novelas, según encontré en un blog donde un amigo suyo hace ese comentario. Y ese es todo el comentario hecho en el sentido personal. No revela ningún otro aspecto, más que el detalle de que realiza regulares viajes a nuestra ciudad. (A continuación, el link)
http://blogs.wsj.com/speakeasy/2010/12/21/the-author-behind-true-grit/
Portis al parecer es un autor raro, encerrado, a la manera de Salinger, a quien disgusta el mundanal ruido y se mueve de incognito. Un gringo que conocí en una librería de la Zona Dorada me contó haberlo conocido en los años setenta, de manera muy circunstancial, y sin haber hablado de literatura.
La película “True Grit” es un remake de otro western con el legendario John Wayne. En lo personal, he disfrutado esta tensa y tersa historia con placer. Me encantan los anti-westerns, aquellas propuestas donde los personajes se comportan como en la vida real y no siguen los esterotipos y demás lugares comunes del género que lo vuelven predecible y olvidable.
En el género del cine gringo, hay otra cinta muy realista que también es una de mis preferidas y de la que tenemos vagas evidencias de que el autor también toco tierra con nosotros: “El tesoro de la Sierra Madre”, de B. Traven.
Al parecer, el primer contacto de Traven con México fue el haber desembarcado en nuestro puerto. La novela de gambusinos y bandidos que fue llevada al cine por John Houston con la genial actuación de Humphrey Bogart y Walter Houston –padre del director- ocurre en una región sin nombre la cual, al parecer, es la nuestra: los únicos puntos geográficos mencionados en las páginas centrales de la novela son Mazatlán y Durango.
Si bien el inicio transcurre en los campos petroleros del Golfo, la historia más adelante se desplaza hacía un área misteriosa que, por sus referentes, bien podría ser la sierra que compartimos con Durango... Otro aspecto extraño y realista de la historia es que ocurre durante la Gran Depresión y vemos que México es un luminoso país con oro y petróleo por donde vagan varios estadounidenses oportunistas, ligeramente “muertos de hambre” y deseosos de encontrar rápida fortuna.
Por el hecho de que la mayoría de sus personajes son gringos, podría pensarse que las novelas de B. Traven son de un autor nacido al norte de nuestra frontera, pero ahí radica el enigma de Traven: sus novelas están escritas en alemán… ¿Habrá nacido en la poderosa Alemania de Bismarck y llegado a nuestras costas impulsado por la misma migración que trajo a los Farber, los Melchers, Everst, Claussen y demás apellidos de cepa prusiana?
El misterio sigue vigente. Su manejo del alemán asemeja un inglés mal traducido o un alemán dialectal bastante tergiversado.
Otro autor de prestigio, de quien vimos huellas de presencia en nuestras playas, es ni más ni menos que Susan Sontag, quien en 1991 firmó en el libro de visitantes del Museo Arqueológico de Mazatlán. Su firma fue estampada en fechas cercanas al eclipse del verano de 1991, así que existe la posibilidad que haya venido a presenciar aquí dicho fenómeno. Pero bueno, al igual que el resto del artículo, es posible que todo esto solo sea una simple especulación fundamentada en diversos datos y fechas coincidentes.
O sea, en pocas y resumidas palabras, una verdadera muestra de literatura. Esperemos que finalmente así sea.
domingo, 3 de abril de 2011
Festival Internacional del Cine en Guadalajara: la reseña
La semana pasada asistí al Festival de Cine de Guadalajara, invitado por la U. de G. para compartir una charla sobre la adaptación al cine de dos de mis libros. He aquí unas impresiones.
El logotipo es fascinante: una figura con máscara de luchador bajo un sombrero de charro que nos mira con fijeza, realizado con grecas de aire prehispánico y oscuras mitologías. Nuestros símbolos más repetidos por el cine mexicano a lo largo de su época –los charros y los enmascarados- son aquí estéticamente sintetizados con donaire.
El primer fiasco del festival fue la negativa de El Hijo del Santo a que se exhibiese una cinta en donde “El Santo” aparece con mujeres desnudas. La polémica fue grande, ya que se había invertido una fuerte cantidad de tiempo y recursos para recolorearla, pero el heredero se negó, ya que en vida el propio Rodolfo Guzmán Huerta –“El Santo”- se opuso firmemente a su exhibición.
Otras fuentes dicen que esas películas si se exhibían, pero solo fuera de México, debido a un acuerdo entre caballeros con la producción. “El Hijo del Santo” dijo que su protesta no radica en que no le hayan invitado al festival, sino a partir de su deseo de mantener intacta la figura de su padre. Pone de ejemplo que “Adiós ídolo mío”, de José Buil, una cinta mucho más crítica, fue exhibida en vida del Santo con permiso suyo.
En mi charla compartí la mesa con Orfa Alarcón, cuya novela “Perra brava” está siendo llevada al cine y con Gustavo Bolívar, autor de “Sin tetas no hay paraíso” y “El capo”, con quien ya he coincidido en otros eventos y ya me he referido en esta columna.
Ante la pregunta sobre si los medios y telenovelas como la suya incitan a la violencia, Gustavo Bolívar respondió sereno: la violencia es un fenómeno que no se le puede achacar a las comunicaciones. La Revolución Mexicana misma, la sangrienta “Guerra de los Mil Días” que padeció Colombia y muchos otros conflictos de gran impacto y secuelas sociales relevantes sucedieron en épocas en las que no existían televisión, radio y cine mismo.
“Los artistas que tocaban el tema de la Guerra de Vietnam en los Estados Unidos fueron muy criticados en su momento. Si nos hubiera tocado esa guerra, los escritores escribiríamos de eso. La realidad es la realidad”, concluyó Gustavo.
Dentro de los documentales que alcancé a ver y, siguiendo con el tema, uno que llamó la atención era “Pablos Hippos” que trataba sobre los hipopótamos que se escaparon del zoológico privado de Pablo Escobar y se reprodujeron en una región pantanosa cercana, provocando un cambio en el ecosistema y hasta continuas peleas entre los machos. No era el mejor, pero incluía dibujos animados donde los animales nos contaban su historia.
La actriz homenajeada fue la siempre bella y talentosa Diana Bracho junto con la figura de Manuel Esperón, quien falleció hace pocas semanas. Otras figuras presentes fueron Angélica María y Angélica Vale, quien apareció en la cinta “Salsa en Tel Aviv”: Israel era el país invitado de honor en un evento donde se homenajeo al director alemán Werner Herzog.
Es impresionante la campaña que hacen estado como Veracruz y Chihuahua para que los realizadores usen sus estados como escenarios. Los stands y folletería repartidas con este propósito eran en verdad de primer mundo. ¿Algún día veremos eso en Sinaloa?
domingo, 13 de marzo de 2011
Los otros tsunamis: Crónica Mazatleca
Toda generación que olvida su pasado se ve obligado a repetirlo, reza un viejo adagio.
Hemos revivido, a escala magnificada y tecnificada, el escenario del maremoto –así se llamaban antes las tsunamis- de 1964, cuando otro Mazatlán, igual de alarmado y veloz, se volcó a los cercanos poblados de Concordia, Copala y, ¡hasta la Barrigona!, en fuga del inminente desastre.
Claro que en emergencias de este tipo ninguna alerta debe ser desestimada. Incluso durante el terremoto de Alaska de 1964 - que provocara la psicosis que aún recuerdan nuestros padres y abuelos-, existía un fundamentado riesgo real.
Los efectos de ese temblor provocaron olas que afectaron la muy distante costa de Chile. Alguna vez vi en Discovery Channel un largo reportaje sobre esa gran sacudida de la corteza terrestre que fue un real hito. Las huellas que dejó en Alaska se volvieron un referente para la ciencia sismológica.
En los años 60, el Ayuntamiento recibió la alerta y mandó el carrito de sonido de mí tío José Luis Robles a que avisara a la población de la inminente hecatombe. El propio Presidente Municipal, don Alberto Tripp Flores, fue a despertarlo por la madrugada para salir a enterar del riesgo a un Mazatlán donde no sólo no existían celulares ni internet, sino que tampoco se contaba con teléfono en todas las casas.
Así que, luego de mandar fuera a su mujer y sus hijas pequeñas, mi tío se subió a su Volkswagen rojo con bocinas en el techo para despertar a la población, acompañado por el propio alcalde en el asiento del copiloto, con el propósito de reafirmar la verosimilitud del aviso.
Ya pasada a la alarma, para mi tío fue muy duro que ciertos medios luego lo acusaran de haber provocado él solo el escándalo y hasta de haberse coludido con algunos ladrones que saquearon hoteles. Pudo haberse negado a ese recorrido en la mañana de aquel lejano Viernes Santo, ya que el pago ofrecido era lo de menos: realizó el acto a conciencia en un momento que no se sabía a qué hora podía irrumpir la gran ola.
Nunca se arrepintió de ese papel. Poco antes de morir recibió un reconocimiento del Ayuntamiento por ese gesto, gesto incomprendido en menos de 24 horas.
Ahora bien, todo ese ajetreo tuvo un origen justificado que, a toro pasado, es fácil descalificar. En 1985 tuvimos un escándalo sumamente lamentable porque surgió a partir de un vil rumor: qué en el programa matutino de Guillermo Ochoa, en uno de los dos únicos canales de tv, una vidente había pronosticado un maremoto para Mazatlán durante el mes de noviembre.
A diferencia de la alerta de 1964 y la del pasado viernes, que iniciaron por la madrugada y provenían de medios de comunicación serios y con base científica, el rumor añadía una fecha exacta que ya no recuerdo si era el 17 o el 27.
Estaba muy reciente el terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México. La gente seguía sensible y no pocos comenzaron a preocuparse sobre el riesgo de algún ciclón: el estero del Infiernillo comenzaba a ser invadido y rellenado y ya se hablaba del anárquico crecimiento de la ciudad.
De nada sirvió que el propio Guillermo Ochoa aclarara en otra emisión lo falso del asunto. La población no vio o no quiso ver la realidad. Decían que era cosa del gobierno que lo ocultaba. Llego el día y nomás cayó un aguacero.
Por cierto, ese Alcalde también fue famoso por implantar el toque de queda por la violencia que se vivía. Era la época de los legendarios “Mongoles”, una banda de pioneros del cholismo.
Ojalá esta reciente movilización social nos ayude – a todos – mantener un plan de contingencia lo más claro e inmediato posible, tanto en los hogares como de parte de las autoridades. Sé que existe: ahora el riesgo es que la gente desestime de antemano una futura alerta similar. ¡QUÉ NO NOS PASE!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)