domingo, 10 de abril de 2011
Con temple mazatleco
Según me entero, a Charles Portis, el autor de la novela “True Grit” (¿Con temple de acero?), historia de donde fue inspirada la reciente película de vaqueros nominada al Oscar, le gusta venir a Mazatlán.
No sólo eso: es aquí en Mazatlán donde compra las cintas para la máquina de escribir con la que escribe sus novelas, según encontré en un blog donde un amigo suyo hace ese comentario. Y ese es todo el comentario hecho en el sentido personal. No revela ningún otro aspecto, más que el detalle de que realiza regulares viajes a nuestra ciudad. (A continuación, el link)
http://blogs.wsj.com/speakeasy/2010/12/21/the-author-behind-true-grit/
Portis al parecer es un autor raro, encerrado, a la manera de Salinger, a quien disgusta el mundanal ruido y se mueve de incognito. Un gringo que conocí en una librería de la Zona Dorada me contó haberlo conocido en los años setenta, de manera muy circunstancial, y sin haber hablado de literatura.
La película “True Grit” es un remake de otro western con el legendario John Wayne. En lo personal, he disfrutado esta tensa y tersa historia con placer. Me encantan los anti-westerns, aquellas propuestas donde los personajes se comportan como en la vida real y no siguen los esterotipos y demás lugares comunes del género que lo vuelven predecible y olvidable.
En el género del cine gringo, hay otra cinta muy realista que también es una de mis preferidas y de la que tenemos vagas evidencias de que el autor también toco tierra con nosotros: “El tesoro de la Sierra Madre”, de B. Traven.
Al parecer, el primer contacto de Traven con México fue el haber desembarcado en nuestro puerto. La novela de gambusinos y bandidos que fue llevada al cine por John Houston con la genial actuación de Humphrey Bogart y Walter Houston –padre del director- ocurre en una región sin nombre la cual, al parecer, es la nuestra: los únicos puntos geográficos mencionados en las páginas centrales de la novela son Mazatlán y Durango.
Si bien el inicio transcurre en los campos petroleros del Golfo, la historia más adelante se desplaza hacía un área misteriosa que, por sus referentes, bien podría ser la sierra que compartimos con Durango... Otro aspecto extraño y realista de la historia es que ocurre durante la Gran Depresión y vemos que México es un luminoso país con oro y petróleo por donde vagan varios estadounidenses oportunistas, ligeramente “muertos de hambre” y deseosos de encontrar rápida fortuna.
Por el hecho de que la mayoría de sus personajes son gringos, podría pensarse que las novelas de B. Traven son de un autor nacido al norte de nuestra frontera, pero ahí radica el enigma de Traven: sus novelas están escritas en alemán… ¿Habrá nacido en la poderosa Alemania de Bismarck y llegado a nuestras costas impulsado por la misma migración que trajo a los Farber, los Melchers, Everst, Claussen y demás apellidos de cepa prusiana?
El misterio sigue vigente. Su manejo del alemán asemeja un inglés mal traducido o un alemán dialectal bastante tergiversado.
Otro autor de prestigio, de quien vimos huellas de presencia en nuestras playas, es ni más ni menos que Susan Sontag, quien en 1991 firmó en el libro de visitantes del Museo Arqueológico de Mazatlán. Su firma fue estampada en fechas cercanas al eclipse del verano de 1991, así que existe la posibilidad que haya venido a presenciar aquí dicho fenómeno. Pero bueno, al igual que el resto del artículo, es posible que todo esto solo sea una simple especulación fundamentada en diversos datos y fechas coincidentes.
O sea, en pocas y resumidas palabras, una verdadera muestra de literatura. Esperemos que finalmente así sea.
domingo, 3 de abril de 2011
Festival Internacional del Cine en Guadalajara: la reseña
La semana pasada asistí al Festival de Cine de Guadalajara, invitado por la U. de G. para compartir una charla sobre la adaptación al cine de dos de mis libros. He aquí unas impresiones.
El logotipo es fascinante: una figura con máscara de luchador bajo un sombrero de charro que nos mira con fijeza, realizado con grecas de aire prehispánico y oscuras mitologías. Nuestros símbolos más repetidos por el cine mexicano a lo largo de su época –los charros y los enmascarados- son aquí estéticamente sintetizados con donaire.
El primer fiasco del festival fue la negativa de El Hijo del Santo a que se exhibiese una cinta en donde “El Santo” aparece con mujeres desnudas. La polémica fue grande, ya que se había invertido una fuerte cantidad de tiempo y recursos para recolorearla, pero el heredero se negó, ya que en vida el propio Rodolfo Guzmán Huerta –“El Santo”- se opuso firmemente a su exhibición.
Otras fuentes dicen que esas películas si se exhibían, pero solo fuera de México, debido a un acuerdo entre caballeros con la producción. “El Hijo del Santo” dijo que su protesta no radica en que no le hayan invitado al festival, sino a partir de su deseo de mantener intacta la figura de su padre. Pone de ejemplo que “Adiós ídolo mío”, de José Buil, una cinta mucho más crítica, fue exhibida en vida del Santo con permiso suyo.
En mi charla compartí la mesa con Orfa Alarcón, cuya novela “Perra brava” está siendo llevada al cine y con Gustavo Bolívar, autor de “Sin tetas no hay paraíso” y “El capo”, con quien ya he coincidido en otros eventos y ya me he referido en esta columna.
Ante la pregunta sobre si los medios y telenovelas como la suya incitan a la violencia, Gustavo Bolívar respondió sereno: la violencia es un fenómeno que no se le puede achacar a las comunicaciones. La Revolución Mexicana misma, la sangrienta “Guerra de los Mil Días” que padeció Colombia y muchos otros conflictos de gran impacto y secuelas sociales relevantes sucedieron en épocas en las que no existían televisión, radio y cine mismo.
“Los artistas que tocaban el tema de la Guerra de Vietnam en los Estados Unidos fueron muy criticados en su momento. Si nos hubiera tocado esa guerra, los escritores escribiríamos de eso. La realidad es la realidad”, concluyó Gustavo.
Dentro de los documentales que alcancé a ver y, siguiendo con el tema, uno que llamó la atención era “Pablos Hippos” que trataba sobre los hipopótamos que se escaparon del zoológico privado de Pablo Escobar y se reprodujeron en una región pantanosa cercana, provocando un cambio en el ecosistema y hasta continuas peleas entre los machos. No era el mejor, pero incluía dibujos animados donde los animales nos contaban su historia.
La actriz homenajeada fue la siempre bella y talentosa Diana Bracho junto con la figura de Manuel Esperón, quien falleció hace pocas semanas. Otras figuras presentes fueron Angélica María y Angélica Vale, quien apareció en la cinta “Salsa en Tel Aviv”: Israel era el país invitado de honor en un evento donde se homenajeo al director alemán Werner Herzog.
Es impresionante la campaña que hacen estado como Veracruz y Chihuahua para que los realizadores usen sus estados como escenarios. Los stands y folletería repartidas con este propósito eran en verdad de primer mundo. ¿Algún día veremos eso en Sinaloa?
domingo, 13 de marzo de 2011
Los otros tsunamis: Crónica Mazatleca
Toda generación que olvida su pasado se ve obligado a repetirlo, reza un viejo adagio.
Hemos revivido, a escala magnificada y tecnificada, el escenario del maremoto –así se llamaban antes las tsunamis- de 1964, cuando otro Mazatlán, igual de alarmado y veloz, se volcó a los cercanos poblados de Concordia, Copala y, ¡hasta la Barrigona!, en fuga del inminente desastre.
Claro que en emergencias de este tipo ninguna alerta debe ser desestimada. Incluso durante el terremoto de Alaska de 1964 - que provocara la psicosis que aún recuerdan nuestros padres y abuelos-, existía un fundamentado riesgo real.
Los efectos de ese temblor provocaron olas que afectaron la muy distante costa de Chile. Alguna vez vi en Discovery Channel un largo reportaje sobre esa gran sacudida de la corteza terrestre que fue un real hito. Las huellas que dejó en Alaska se volvieron un referente para la ciencia sismológica.
En los años 60, el Ayuntamiento recibió la alerta y mandó el carrito de sonido de mí tío José Luis Robles a que avisara a la población de la inminente hecatombe. El propio Presidente Municipal, don Alberto Tripp Flores, fue a despertarlo por la madrugada para salir a enterar del riesgo a un Mazatlán donde no sólo no existían celulares ni internet, sino que tampoco se contaba con teléfono en todas las casas.
Así que, luego de mandar fuera a su mujer y sus hijas pequeñas, mi tío se subió a su Volkswagen rojo con bocinas en el techo para despertar a la población, acompañado por el propio alcalde en el asiento del copiloto, con el propósito de reafirmar la verosimilitud del aviso.
Ya pasada a la alarma, para mi tío fue muy duro que ciertos medios luego lo acusaran de haber provocado él solo el escándalo y hasta de haberse coludido con algunos ladrones que saquearon hoteles. Pudo haberse negado a ese recorrido en la mañana de aquel lejano Viernes Santo, ya que el pago ofrecido era lo de menos: realizó el acto a conciencia en un momento que no se sabía a qué hora podía irrumpir la gran ola.
Nunca se arrepintió de ese papel. Poco antes de morir recibió un reconocimiento del Ayuntamiento por ese gesto, gesto incomprendido en menos de 24 horas.
Ahora bien, todo ese ajetreo tuvo un origen justificado que, a toro pasado, es fácil descalificar. En 1985 tuvimos un escándalo sumamente lamentable porque surgió a partir de un vil rumor: qué en el programa matutino de Guillermo Ochoa, en uno de los dos únicos canales de tv, una vidente había pronosticado un maremoto para Mazatlán durante el mes de noviembre.
A diferencia de la alerta de 1964 y la del pasado viernes, que iniciaron por la madrugada y provenían de medios de comunicación serios y con base científica, el rumor añadía una fecha exacta que ya no recuerdo si era el 17 o el 27.
Estaba muy reciente el terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México. La gente seguía sensible y no pocos comenzaron a preocuparse sobre el riesgo de algún ciclón: el estero del Infiernillo comenzaba a ser invadido y rellenado y ya se hablaba del anárquico crecimiento de la ciudad.
De nada sirvió que el propio Guillermo Ochoa aclarara en otra emisión lo falso del asunto. La población no vio o no quiso ver la realidad. Decían que era cosa del gobierno que lo ocultaba. Llego el día y nomás cayó un aguacero.
Por cierto, ese Alcalde también fue famoso por implantar el toque de queda por la violencia que se vivía. Era la época de los legendarios “Mongoles”, una banda de pioneros del cholismo.
Ojalá esta reciente movilización social nos ayude – a todos – mantener un plan de contingencia lo más claro e inmediato posible, tanto en los hogares como de parte de las autoridades. Sé que existe: ahora el riesgo es que la gente desestime de antemano una futura alerta similar. ¡QUÉ NO NOS PASE!
domingo, 13 de febrero de 2011
Amor en letras
El amor en la literatura, comparado con otros temas, es asunto bastante reciente si lo confrontamos con la guerra, el odio, los caprichos de los dioses y los de la naturaleza misma.
Las epopeyas de la antigüedad tienen episodios violentos donde el romance es elemento secundario. La posición de la mujer es terrible, casi como valor de uso o trofeo político.
En el Ramayana o el Mahabaratha de la India, los hombres nunca se enamoran. Ya ni se diga en las tradiciones egipcias, babilónicas y hebraicas.
El gran trasfondo de la Ilíada no es el romance de Héctor y Elena (de hecho, las relaciones homosexuales entre Aquiles y Patroclo son un trasfondo igual de importante que las batallas de helenos y troyanos).
Nos encanta creer que el enfrentamiento entre Troya y los griegos surgió por un gran amor: en realidad, lo que estuvo en juego fueron las rutas comerciales de Oriente que tenían su base en Turquía. Como todas las guerras, el asunto era el dinero.
Los arqueólogos descubrieron en Troya restos de jade y demás evidencias de un encuentro refinado con las culturas asiáticas… en ese tiempo, los griegos eran una horda de pastores que peleaban entre si a lo largo de su árido país, al calor de vinos resinosos. Querían acceso a ese mundo y esta guerra los benefició, así como los enfrentamientos con Persia. Y en su mitología, las mujeres son crueles como Hera, imprudentes como la ninfa Eco o madres asesinas como Medea.
El ideal del amor, como tema principal en una creación literaria, analizado de principio a fin y donde los personajes viven atrapados por su hechizo, surge hasta la Edad Media. Es en el llamado “Amor cortesano” de los poetas provenzales y su versos galantes donde los académicos han situado el origen de este tema que hoy es infaltable en la poesía, el cine y donde quiera que la creatividad necesite dotarse de interés para las masas.
Antes, hubo breves epigramas amorosos en la antigua Roma, hechos por Catulo, Marcial y Propercio, poetas fallecidos antes de los 30 años y que por ello quizá sus obras fueron consideradas pecados de juventud.
El romance era algo poco serio para tomarse en cuenta en la literatura, acaso una desviación adolescente. El matrimonio, como hoy, era cosa práctica y razonada. Gracias esa visión, el gran poeta de Roma fue el pomposo Virgilio, que murió a edad avanzada mientras paseaba en la galera del emperador Augusto.
De estas dos fuentes, surgió la poesía de Dante Alighieri y la menos conocida de Francisco Petrarca. El amor a Beatriz Portinari es el sosten de La Divina Comedia y en su infierno revolotean dos amantes suicidas, Paolo y Francesa.
Petrarca es el primer gran enamorado de la literatura, tanto en los textos como en la vida: sus “Sonetos a Laura” surgieron por una mujer que lo dejó fulminado el 6 de abril de 1327, mientras salía de la misa de Viernes Santo a las 15:00 hrs. Antes de él, A NADIE se le había ocurrido darle importancia poética a un enamoramiento y, además, registrar el inicio de su calvario.
Advierto que una cosa es el amor y otra el sexo: éste no falta en las grandes obras de la antigüedad e incluso es la chispeante materia que mueve otras obras medievales como “El Decamerón” (Italia), “Los cuentos de Cantebury” (Inglaterra) y “El libro del Buen Amor” (España). Faltaban largas décadas para llegar a “Romeo y Julieta” o los madrigales de Sor Juana y Gutierre de Cetina. Ni el romance de Don Quijote y Dulcinea llegó a concretarse.
Hasta el tema del amor a Dios se maneja poco en la Biblia: sólo en el Cantar de los Cantares, San Juan y las Cartas de San Pablo se menciona directamente, pero eso mejor lo dejamos para Semana Santa.
domingo, 6 de febrero de 2011
Marquesados Literarios: un paseo por autores y títulos nobiliarios
Los marqueses más populares en la literatura son dos: el Marqués de Sade y el Marqués de Carabás: éste último suele ser uno de los primeros miembros de la realeza que los niños conocen, especialmente si sus padres pusieron a su alcance “El Gato con Botas”.
Del marqués de Sade han corrido más leyendas y referencias que de cualquier otro personaje similar de las letras. Su título era falso; aunque en la ciudad de Lacoste, en Vaucluse, Francia, aun se conserva un castillo que fue de su familia.
Para mayor referencia del mundo de la moda, acotemos que este castillo y casi todo el casco antiguo de Lacoste son propiedad del diseñador Pierre Cardin, quien enfrenta serios problemas con los lugareños por sus actitudes señoriales, las cuales incluyen el hecho de que nunca saluda a los nativos al pasear por la calle.
En la lengua española, pasando a terrenos más serios, tenemos al Marqués de Bradomín, creado por don Ramón del Valle-Inclán y especie de “otro yo” estilizado del autor gallego, y personaje de sus novelas llamadas “Sonatas”. La gente de su tiempo se refería al autor como “El señor Marqués”, asunto que no le desagradaba.
(Hay por ahí una producción fílmica de las Sonatas hecha en España, dirigida por Juan Antonio Bardem, tío del actor de “Biutíful”, en la que aparece María Félix.)
Valle-Inclán es un personaje mitad del siglo XIX y mitad del siglo XX. Sus famosas barbas de chivo provocaron muchos chistes y es pionero de dos detalles modernistas: escribió la primera novela sobre la figura de un dictador latinoamericano (“Tirano Banderas”) y también es el primer autor español de quien se tiene noticias de que fue fumador de algo más que tabaco, según dejó escrito en un libro llamado “La pipa de Kif”.
Camilo José Cela es otro escritor que ha sido elevado a la realeza. Nació en Padrón, también en Galicia, como Valle-Inclán, más exactamente en una parroquia llamada Iria Flavia. Luego de recibir el Nobel, Camilo José Cela fue erigido como Marques de Iria Flavia, distinción que por cierto no se le dio a los dos otros Nobels españoles anteriores: Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.
Tal vez no les tocó porque la costumbre de dar títulos heráldicos a los escritores y artistas populares nació antes en Inglaterra, donde se nombró caballeros a personajes como Sir Rudyard Kipling o Sir Lawrence Olivier, quienes eran tipos bastante solemnes en los años cuarenta.
Uno de ellos fue cantor literario del Imperio Británico y el otro un emblemático actor shakespereano que hasta se casó con Vivian Leigh, más recordada como “Scarlett O’Hara”.
Más recientemente, se nombró “Sir” a figuras Pop como Sir Paul McCartney y hasta Sir Elton John. Esto fue un intento de las casas reales para ganarse la simpatía de los electores que fue seguido apresuradamente por la Casa de Borbón, también cada vez más cuestionada por sus súbditos. (Felipe González se negó a aceptar un título nobiliario por coherencia con su pasado socialista).
Tengo curiosidad por saber cómo será el escudo de Mario Vargas Llosa. El de don Camilo tiene “dos plumas de oro dispuestas en aspa, sobre campo de azur, acompañadas de tres veneras de plata, una en cada flanco y otra en punta, y en lo alto una estrella de ocho puntas de oro”, según consulté en una página oficial.
Si Gabo hubiese adquirido la doble nacionalidad y, de haberle tocado ese honor, hubiera tenido el redundante título de “Marqués de García Márquez”, aunque quizás él prefería ser “Príncipe de Macondo” o “Conde de Aracataca”.
A ver si uno de estos días, Su Majestad Don Juan Carlos de Borbón y de Borbón, amanece con sentido del humor político y tiene la ocurrencia de, a manera de consuelo, nombrar a García Márquez Paje Oficial de Don Fidel Castro, amo y señor de la isla de Cuba y amigo suyo hasta la ignominia.
domingo, 30 de enero de 2011
Adios, Turismo de Mazatlán
Publicado en NOROESTE Mazatlán
Ya se fueron parte de los cruceros. ¿Qué otra parte de Mazatlán se irá con ellos?
La semana pasada ocurrieron dos fenómenos interesantes en la costa del Pacífico. El primero es el que nos afecta de manera inmediata: el retiro de varias líneas de cruceros que dejaban significativa derrama en nuestro destino.
El otro fenómeno lo vi en la televisión nacional cuando, con bombo, platillo y fanfarria, el Gobernador de Colima anunciaba que Manzanillo se volverá ya un gran puerto de cruceros e, incluso, tendrá uno de inversión totalmente mexicana que lo tomará como punto de embarque.
Tan significativo fue el hecho que en este evento estuvieron tanto el Gobernador de Baja California, Narciso Argúndez, como la actual Secretaria de Turismo Federal, quien por cierto hoy se encuentra de visita en el puerto para tratar de resolver el problema de Mazatlán.
El buque Chihuahua Star, que hacía la ruta Mazatlán-La Paz, se nos fue a Topolobampo, que también ya recibe cruceros. De ahí, muchos visitantes se van a conocer El Fuerte, sitio donde ahora resulta que ahí nació “El Zorro” y el gobierno apoyó la creación de un monumento… pese de que está demostrado que El Zorro no sólo no nació ahí, sino que además, nunca existió.
El Zorro fue inventado por el periodista de nota roja Johnston McCulley. Nacido en Illinois, donde se inició escribiendo en “The Police Gazette”, McCulley incluso ni conocía California, ya que su trabajo menciona plantas que en ese estado no existen, salvo en invernaderos.
La única coincidencia es que “El Zorro” se llama Diego Vega, apellido común en el norte del estado, a la manera de los Osuna y Lizárraga de por acá. Con eso les bastó a la Iniciativa Privada, Gobierno y medios locales para elevar a producto tangible una leyenda atractiva para los extranjeros.
En Colima no se durmieron. Desde hace rato recrearon un Centro Histórico, mejoraron la terminal de cruceros porque algunos visitantes no se bajaban del barco al ver tantas grúas, además de que impulsaron visitas a la Laguna de Cuyutlán y a Comala, pueblo básicamente de mariachis. En la Plaza Principal del Centro Histórico hasta pusieron una escultura de un pez vela casi del tamaño de nuestros Monos Bichis.
Esas obras de Manzanillo empezaron en 2002. Aquí, el año pasado, un turista de crucero tuvo un accidente al desaparecérsele el piso en una de las glorietas del malecón, quizá por falta de mantenimiento y supervisión en el marco de la debacle de fin de trienio.
¿Qué nos faltará a Mazatlán para salir de este bache? No basta sólo con la seguridad. Además de mejorar los servicios, quizá nos urja más imaginación o la bizarría de otros municipios, que no tienen miedo de poner una escultura a un pez vela o un zorro. De perdida habrá que erigir una estatua a John Wayne, auténtica leyenda gringa que visitaba a Mazatlán, en su rincón preferido: el muelle de la flota deportiva junto al faro.
Esto no sólo es obligación de las nuevas autoridades de Turismo, si no de una conciencia general de prestadores de servicios turísticos y el resto de la sociedad.
La inversión de hace veinte años atrás, a favor del rescate del Centro
Histórico y, en concreto, la reactivación de la vida cultural en torno al Teatro Ángela Peralta, fue un esfuerzo visionario del cual hoy seguimos viviendo. Ya es tiempo de renovarnos y darle mayor impacto a lo logrado.
No digamos que la moneda está en el aire. Eso equivale a confiar en la suerte. Las ideas están el aire: el reto es aterrizarlas, materializarlas, volverlas auténtica propuesta positiva.
domingo, 16 de enero de 2011
Ophicus y el oficio del astrólogo
Querámoslo o no, el Zodiaco es uno de los símbolos de la personalidad o el destino que siguen con nosotros desde tiempo inmemorial.
Hace días, el cosmos y el imaginario colectivo se vieron envueltos en un delirio por el anuncio de un astrónomo gringo, revelando la aparición de un nuevo signo y la rotación inmediata de los demás entes astrológicos.
En realidad eso es noticia vieja. En “Cosmos”, el libro clásico de Carl Sagan realizado en los 70 y luego llevado a la tele, ya advertía que el eje terrestre había modificado su curso hace 2000 años y que las constelaciones habían cambiado de posición, cosa que los astrólogos no parecían haberse percatado.
Por el otro lado, los astrólogos afirman que sí se habían dado cuenta de ese suceso, pero que decidieron dejar los doce signos para no romper la armonía de sus categorías (agua, tierra, viento y fuego) con un treceavo más. Aparte, sostienen que lo que rige el ciclo en realidad son los solsticios y equinoccios solares. También la luna manda.
En la antigüedad, los solsticios eran el 24 de diciembre y el 24 de junio. ¿Les suenan conocidas esas fechas?
Por mi parte, no acudo al zodiaco para regir mis decisiones, pero con los años, me he dado cuenta que mis grupos de personas afines festejan sus cumpleaños en las mismas temporadas. En junio y diciembre me la paso bien ajetreado con festejos de sagitarios, cánceres y géminis.
No me conviene creer en el zodiaco porque soy Piscis con ascendente Géminis, los dos signos dobles y contrarios: lo que me salvaría fue que nací al día siguiente de un eclipse, con un cielo nuevo y en domingo, a las 12 en punto del mediodía. Mis padres tenían ambos signos.
Una vez conocí un parasicólogo que no podía creer que yo fuera Piscis, por el tipo de vida que llevo y mi modo de ser. Aventuró que tenía un géminis muy dominante… ya qué conoció más mis defectos personales aceptó que ese si era mi signo.
Según las revistas del corazón, principales autoridades a la hora de hablar del zodiaco, Piscis es un signo débil, tímido, soñador y caprichudo. Mi tío Chivi, que siempre usa sombrero, botas y maneja tráilers desde muy joven, compra billetes de lotería Tauro porque dice que Piscis no sirve. Me di cuenta hace años cuando un día le abrí la cartera, ya que era de los que llegaban a la casa de visita dándonos buen dinero a los niños. No voy a escribir aquí para qué tipo de persona considera que debe corresponder el signo Piscis.
Los horóscopos comenzaron a aparecer en los periódicos en Paris por los años veinte. La referencia la tenemos por el poeta surrealista y astrólogo André Bretón quien se quejó de eso. Sólo eran válidos los vaticinios hechos de manera individual, carta astral en la mano y billetera lista.
La verdad, los astrónomos no deberían meterse con la astrología por el mismo motivo que los astrólogos tampoco deberían entrometerse con la exploración espacial: cada quien tiene su público.
Supe de Oficus hace años en un programa de Guillermo Ochoa, el antiguo informador de las amas de casa pero, desde entonces, yo no creía que fuera importante todo lo que se decía en el Canal 2, especialmente los sábados por la mañana.
Por cierto, la horrible palabra Ofiuco puede volverse Ophicus, tal como la escribí, por el mismo motivo que decimos Géminis y Piscis en vez de gemelos y pescados, ¿o no?
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