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sábado, 16 de mayo de 2009

Noticias de Nuestro Imperio

Tropas francesas en Mazatlán, Templo de San José.



Debido a la alerta de influenza, el 5 de mayo para algunos pasó desapercibido. No es tarde para compartir varios datos interesantes.

Llevo varios meses documentándome para una novela sobre la Intervención en Mazatlán y me he topado con sorpresas que no coinciden con las creencias populares y algunos historiadores de la vieja escuela. Una visita al Museo de los Inválidos me permitió ubicar publicaciones y datos reveladores.


Hemos condenado a los franceses por el incendio a Concordia en 1865: las cartas de varios de los militares revelan que entre ellos mismos existió este malestar. No los justificaremos nunca, pero es interesante saber que no todos fueron sanguinarios y enfrentaron al general Armand Castagny, quien en sus campañas de África había cometido este mismo tipo de atrocidades.

Por ejemplo, el coronel Garnier, que había fusilado antes a 14 mexicanos rebeldes en Durango, se negó a obedecer las órdenes de Castagny y el encargado de cumplirlas fue su edecán P. D. Billiot (Billaut, según el historiador Hijar y Haro, quien militó con el Gral. Ramón Corona y pedía no olvidar su nombre).


Al momento de ese ataque, las tropas de Corona habían ejecutado a varios franceses, por lo que el ánimo de la soldadesca era de venganza… Aún así, gran parte no estuvo de acuerdo con la destrucción de poblaciones inocentes. “¿No aprendimos en África que las represiones son siempre inútiles?”, afirma el oficial D ‘Esclevin, en un documento rescatado por Jean Meyer.


Otros dos oficiales, Lambert y Bérard, que según apunta el teniente A. Chateau eran “hombres de más corazón”, enloquecieron por un tiempo, luego de los horrores de Concordia. Los periódicos de Francia acusaron a Castagny de hacer en Sinaloa “un Palatinado”, en referencia a las aldeas germánicas mandadas incendiar por el rey Luis XIV.

Las memorias del teniente Georges Crist, hijo de un tonelero provenzal que llegaría a Capitán, censuran su dirección “inhábil, insensata y culpable”. También sostienen que las consecuencias del ataque provocaron posteriores faltas de disciplina entre la tropa. El jefe de batallón, Rodolfo Mowat, fue de los primeros comandantes con alta graduación en desaprobar el acto.

Según el Barón de Montfort, egresado de la Academia de Saint-Cyr y voluntario en Mazatlán, el mayor Corona atacó antes La Noria y Rosario porque eran favorables al imperio. En represalia, Castagny ordenó el incendio de Concordia “y treinta pueblitos y rancherías entre Mazatlán y el río de Rosario”.
Por cierto, otro miembro de la realeza europea les acompañó en esa masacre: el Barón de Brockenhelm, “un Hércules sueco, teniente de la Guardia Real de su país”, apunta Montfort. También tenemos el dato de que en Mazatlán murió Prosper Du Parc de Locmaria, hijo del Conde de Constantin, pero desconocemos las circunstancias. Era hombre de confianza del futuro rey de Italia, Vittorio Emmanuelle I y servía en Piamonte, ya que su padre había militado con el Delfín de Francia y no se llevaba bien con los Bonaparte.

No sólo Concordia padeció: también Veranos, El Verde, Santa Catalina, Jacobo, Copala, Malpica, Villa Unión y Aguacaliente de Gárate, que son mencionados en los archivos. De Matatán y Hacienda del Tamarindo solo quedaron cenizas, según Hijar y Haro. En El Zopilote mataron a mujeres y niños. “Zigueros” y “Naranjas” –escritos así en francés-, podrían ser Siqueros y El Naranjito. (Al norte de Copala)

Castagny era vanidoso y se creía noble. Traía una guardia personal de indígenas coras y huicholes con taparrabos, arcos y flechas, al modo de los mariscales ingleses que usaban escolta nativa en la India o Francisco Franco con su Guardia Mora.
(CONTINUARA)